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ne fe E 5 ie b DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 5. D. Alejo Zubeldia El Valor social de la O. T. Principia el autor de esta Memoria recordando que sobre el orden poli- tico y social esta el orden religioso. Cuando se traté de sembrar las ideas que hoy han dado el fruto amargo del desorden social, se tuvo empefio y gran cuidado de sembrar el error, lazarillo de la inmoralidad. Mas en vista del conflicto serio provocado, se pensé en la Religién, pe- ro reservandola como freno para las ignorantes masas populares, mientras que los intelectuales tendrian suficiente con su ciencia. Por el contrario: Leén XIII en su Enciclica Rerum Novarum dice que el orden social sdlo puede restaurarse por la Iglesia, segtin sus ensefianzas religiosas. Y en su Enciclica Auspicato dice que por lo mismo, la Orden Tercera es instrumento poderoso de restauracién social. Como es sabido, la Orden Tercera ordena a sus miembros sumisién absoluta a la Iglesia; pone las creencias religiosas como la primera condicién de los mismos, y considera el perfeccionamiento espiritual del individuo como el fin principal de la Or- den. Y al imponer actos de culto colectivo, oficiales y ptiblicos, demuestra que la Religién no es solo obligatoria para el individuo, sino también para la sociedad. Los Terciarios han sido siempre consecuentes en esto. A raiz de una de las tltimas persecuciones oficiales del gobierno francés que ponia en- tredicho a las iglesias, preguntaba un Prelado: ¢Se sabe de algtin Terciario que haya desertado? Justicia y Caridad.—«La sociedad se propone hoy en sus proyectos de reforma un triple fin: aumentar la riqueza por el trabajo, repartir la rique- za segtin la justicia, establecer la justicia sobre la solidaridad social.» (G. Breton. Bulletin de Littérature Eclesiastique. Mai, 1921.) 1. La idea del trabajo no la concibié nadie con tanta perfeccién como San Francisco. Cierto que los Benedictinos trabajaron voluntariamente y en- sefiaron el trabajo libre, pero ensefiaron un trabajo /ucrativo. San Francisco did un paso mas; ensefié el trabajo sin exigencias de salario, renunciando voluntariamente todo salario, con lo cual hizo la mejor apologia del trabajo y de su libertad. (Regla P. Ord.) Segtin la mente de San Francisco el trabajo ennoblece al hombre, no lo degrada. Este concepto del trabajo, en tiempo de San Francisco, era nuevo en la practica. No es facil puntualizar lo mucho que vale el trabajo del hombre con la mira puesta en un galardén sobrenatu- ral. No hay trabajo mas intensamente productivo que el del obrero que profe- sa este concepto del trabajo. 2. A pesar de las ensefianzas del cristianismo, el cardcter pagano del capitalismo no se habia borrado delas clases favorecidas por la fortuna. San Francisco, renunciando voluntariamente su riqueza y el lucro de su trabajo (caso que hasta entonces no se habia conocido en colectividad) y aconsejando a los suyos lo mismo, ensefiando el espiritu de pobreza, udmitiendoa los mis-

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