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ie * EEE, ee ie oa ie bi ¥ ; Be Es 5 % a oe DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 277 la Casa del Pueblo, dejando sin trabajo y por tanto sin comer a los obreros de - Jos Centros Catélicos. Esto acontece en Madrid y otras ciudades. No son raros los casos de las sefioras Ilamando asus casas a obreras que no pertenecen a Sindicatos catélicos con preferencia alas que pertenecen: no son raros tampoco los casos de pretender de las obreras catélicas, que por- que lo son, trabajen mas barato. . Ni esto es justicia, ni es caridad... Asf no podremos jamas los catélicos lu- char con éxito. Nuestras obras no se protejen. No se nos dan medios materiales para combatir con éxito, para atraer con ventajas positivas, a nuestro campo,a obreros y obreras... Cuando llegan los dias de revueltas y de crfmenes, son las angustias, el acordarse de las agrupaciones catélicas. Cuando la paz reina, casi nadie se acuerda de ellas. Los Terciarios con su espiritu Franciscano pueden hacer mucho en este particular. Y como lo principal es concretar, vamos a exponer las sigujentes Conclusiones. 1:* Los Terciarios aconsejen a sus juventudes un espiritu caté6lico-social, aconsejandoles que lean y estudien los documentos pontificios sobre todo la Enciclica Rerum Novarum de Le6n XIII. 2." Las Terciarias y Terciarios deberan valerse con preferencia de obreras que pertenezcan a agrupaciones catdlicas. 5.* Las Terciarias no harén nunca que en los talleres se vele 0 se cosa en domingo, por culpa suya: procurardn que no tengan que ir las aprendizas en domingo a entregar 4 sus casas. Procuraran pagar sin demora, para no hacer ir y venir tantas veces a las que han de ir a cobrar. 4.* Las Terciarias de cada poblacién, se acordar4n que hay épocas en el afio, de vacaci6n forzosa para las obreras; que durante esas épocas no hay tra- bajo. Procuraraén escalonar en lo posible sus pedidos, a fin de qne haya labor en dichas épocas y favorecer los talleres de paro que cada Sindicato establezca. 4. D. Amando Piramuelles, Parroco de Zuazu. La Regla de la Orden Tercera como substancia que es del Evangelio no compone un cuerpo de doctrinas sociales-econémico-legislativas, ni administra- tivas: su valor social, pues para la solucién de esta clase de problemas, es co- mo el de las ideas religiosas que afectan al cumplimiento de los derechos y de- beres, indirecto, pero positivo: asf lo demuestra la experiencia de siete siglos. Los frutos sociales de la accién Terciario-franciscana y las races y la sa- via de tales frutos se compendian realmente en la praéctica da las dos virtudes del segundo punto del tema justicia y caridad; pero conviene notar que no es pequefio mérito de San Frnncisco haberlas llevado a la realidad o mejor dicho, haber obligado a la realidad a entrar en el concepto verdadero que las definicio- nes de tales virtudes encierran y haberlo hecho en la forma mas adecuada y util a la sociedad, entonces y siempre. La justicia da a cada uno lo que le es propio, conmutativa, equitativa o dis- tributivamente; la caridad mueve a dar por amor de Dios \o rigurosamente pro-
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