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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS). 275 ante Jestis pobre y crucificado, esperando el galardén y las verdaderas ri- quezas del cielo y predicando la caridad y la justicia en la tierra, no hay que ’ esperar solucién definitiva de tan pavorosa cuestién. Hay en la vida de San Francisco una frase profunda, genial, lumimosa, que bastaria por si sola para dar la clave de muchas soluciones a problemas sociales, sobre todo al del salario. Un hermano carnal del Santo hallélo un dia solo, tiritando de frio. Con aire de escarnio le dijo: Francisco, véndeme una gota de sudor. A lo que respondié nuestro Santo: Ya lo tengo ven- dido a Dios. Con sdlo el principio de justicia es dificil hallar la medida del salario que se le debe al obrero. Todo salario que se le adjudique, es mezquino comparado con el eterno salario que gana para el cielo. Por eso S. Francisco quiere que venga la caridad a recompensar con sus infinitos recursos y con fraternales ternuras el trabajo de un sér que es algo mds que nervios, carne y huesos, a un sér que tiene un alma espiritual e inmortal. Y no paran aqui los consuelos que esta sublime doctrina reporta al obre- ro. La Iglesia en nombre del Evangelio pide un dia de descanso para él cada. semana, para que lo santifique y lo dedique a comunicarse con Dios. Estas prescripciones humanitarias de la Iglesia y del sentido comtin con- firma San Francisco de Asis en todas las fases de su vida, pero principal- mente en la Regla de la Orden Tercera, pues todo su contenido se reduce «a obedecer a los mandamientos de Dios y de la Iglesia, abstenerse del lujo y de teatros 0 diversiones poco morales, no desaprovechar cuanto cede en be- neficio del préjimo, no tomar armas sino para defensa de la religién y de la patria, evidar discordias y luchas, ser moderado en la comida y bebida, dar buen ejemplo, no leer libros 0 periddicos poco religiosos, etc.» Y como el ni- mio trabajo embrutece al hombre, asi como la misma holganza, dice San Francisco a sus hijos: «Que de tal manera deben trabajar, que, desechando la ociosidad, que es enemiga del alma, no apaguen el espiritu de la santa oracién y devocién: sancta Orationis spiritum non extinguant. Conclusién.—E\ Pratriarca de los pobres, San Francisco de Asis, ha “hecho mds que todos los sociélogos y economistas en favor del pobre y del tico, instituyendo la Orden Tercera de Penitencia y con su ejemplo de amor ala pobreza. La penitencia y la vida pobre y humilde de Jestis, que hoy tan- to se aborrecen, nos son necesarias en todos los tiempos. La sociedad mo- derna pide /ibertad y placeres, y un pueblo que pide estas dos cosas, como Su tiltima aspiracién, esta préximo a la ruina, porque la libertad sin Dios ha oprimido mds las naciones que los grillos de los calabozos y el despotismo de los Césares, asi como los placeres han envilecido, enervado, inutilizado y acabado mds almes que todas las epidemias, guerras y pestes del mundo. Mientras el Santo Evangelio no circule en todas las jerarquias sociales, mientras la Regla de la Orden Tercera, que es el mismo Evangelio metodi- zado, no funcione en las fabricas y talleres, en las ruedas de las mdquinas y bien digerida por el obrero y capitalista, no se arreglard la cuesti6n social. San Francisco de Asis pacificé la sociedad porque llevé el _Evangelio a los

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