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£577 SPER DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 275 te, acorddndose de Dios antes y después de tomar el alimento, para que comprenda que todo viene de lo alto, y no de la mano del capitalista. Y después de dignificar de este modo el trabajo, y de elevar al opera- rio a la grandeza del mismo Dios, se presenta San Francisco, hecho él mismo un miserable mendigo evangélico, al pobre operario le dice: «Alégrate, no- ble y fiel trabajador, porque tu dignidad es grande, pues has sido criado para el cielo y no para los placeres efimeros del mundo. Tu Dios ha sido trabaja- dor como tui; tu verdadéro amigo Jestis ha sufrido como tu; y el recuerdo de la humilde casa y taller de Nazaret debe orlar tu frente con aureola de glo- ria y tu rostro de una santa alegria. Levanta tu frente, obrero catdélico, por- que se acerca tu redencién, y dentro de poco ese cuerpo, encorvado por el peso de las herramientas, se revestird de gloria; esos callos de tus manos han ganado las riquezas eternas del Cielo; y esa cara ennegrecida por los humos de la fabrica, pdlida por la fetidez de algtin taller poco ventilado, tostado por los ardores del sol, arrugada por el rigor de los frios y tempes- tades, y descolorida por el hambre, gozara de eterna bienaventuranza.» Las relaciones de las clases sociales.—Todos los hombres son igua- les en cuanto a la creacién y la redencién, en cuanto al origen y al fin, en cuanto a la Iglesia y a los medios de comunicar las gracias. Sin embargo, no son iguales en cuanto a los derechos adquiridos. En las naciones tiene que haber jerarquia social, y una vez admitidos estos grados, es indispensable el mutuo respeto entre las clases sociales. Estas relaciones de las clases sociales deben desenvolverse bajo los axiomas o postulados que hemos indicado, esto es, bajo la influencia de Dios y supuestas las miserias del pecado original. Esta tiltima base, el pecado ori- ginal es la causa de que no se pueda dar en el mundo la justicia absoluta, ni la felicidad en toda la plenitud. Sin embargo, debemos aproximarnos a la verdad y justicia absoluta, a Dios, para que no procedamos sin base en los arreglos sociales, porque, si pretendemos estrechar las relaciones de las cla- ses sociales con la materia y sus evoluciones, con los circulos y agrupacio- nes solamente, estos vinculos y medios son deficientes, puesto que no abra- zan en toda la plenitud la parte moral, que es la principal. Por esto, para que entre el rico y el pobre, entre el capitalista y el obrero haya verdaderas y sdlidas relaciones, es indispensable que ambas clases sean amantes de la Religion. Y en efecto; si el patrono pone en las manos de los obreros, casi en su totalidad ignorante, periddicos y folletos impios; les predica que més alld de la tumba no existe nada y que las nociones del derecho y del deber, de la justicia y de la caridad, son palabras vacias; y les arranca de su coraz6n la fé en Dios remunerador y la piedad cristianas; no se extrafie de que sus fa- bricas 0 talleres se declaren en huelga y que se subleven contra él, porque tales consecuencias son resultado logico de su propaganda o de su descuido de no moralizar la conciencia del operario, en quien no ha reconocido mas que una maquina de carne y hueso, que puede arrinconar impunemente. El obrero educado en esta forma, sin Religion y sin nocién alguna de la vida futura, es 18

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