BCCPAM000522-3-10000000000000

DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 271 estro. Ni quiere el titulo de rey, superior o rector, sino toma el nombre de Menor, esto es, de los pobres, flacos, y abandonados, esté hecho uno de ellos, y se llama su hermano para curar a todos. Celebra sus desposorios con la pobreza y la convierte en esposa, sefora y dama de sus pensa- mientos; esta viuda del Crucificado, tan poco amada por los mortales, se- rd su compafiera inseparable en las excursiones apostdlicas que hard por los pueblos y naciones. Ni un palmo de tierra sin Dios. Tal era el lema de San Francisco y la formula de su sistema social en aquellos tiempos en que, lo mismo que en los nuestros, la propiedad el capi- tal era considerado como la tinica fuente del derecho. Las disenciones entre los propietarios y vasallos, rodando de ciudad en ciudad y de familia en familia, teflian de sangre los pueblos y las naciones y desolaban los campos; y Francisco, al ver en tan lamentable estado la humani- dad, levanta su voz en medio de universales gemidos, predica con ardor de Serafin la regeneracién social y la intima unién de los ciudadanos entre sf por medio de la Cruz, del trabajo y del sacrificio, y hace un esfuerzo supre- mo para detener la marcha de la sociedad y libertar a los humildes y labrie- gos de la tirania de los juramentos feudales que les encadenaban las con- ciencias. Los ricos y los propietarios de corazén noble y religioso compren- den la verdad de la doctrina de San Francisco y doblan su cerviz al Evange- lio, reconociendo la dignidad y libertad de sus vasallos y jornaleros; y el pueblo bajo, el partido innumerable de los Menores hallé por fin, el aboga- do de su legitima causa y un dulce y suave vindicador de la justicia social e individual. La dignificaci6én del trabajo. Las ideas antecedentes bastarian para solucionar la cuestién social; pe- ro el pobre operario se ve herido en su dignidad, en su amor propio, porque se dice que el trabajo es una deshonra, un castigo, una esclavitud, y que se- giin Aristoteles, Platén, Juvenal y los economistas modernos, los operarios son la hez de la sociedad. Esto desgarra el corazén del infeliz obrero y le pone fuera de si. . Y en efecto, le responde la Religién, el operario sin Dios y sin vida futura llega a ser la hez y el terror de la sociedad, y se convierte en bestia de carga y en maquina o instrumento de produccién. El mismo trabajo le embrutece al hombre, asi como la misma holganza; mientras que el trabajo, moderado por la Religién, da robustez y jovialidad al alma, y le libra de vicios inherentes ala inaccién y a la ociosidad. El trabajo es una conse- cuencia inevitable del pecado original, in /abore vultus tui vesceris pane, y la experiencia ensefia que el ocioso es mds despreciado que el hombre ocu- pado. Por esto, el obrero catélico es mds que toda la aristocracia del mundo, porque es compafiero del Criador, puesto que Dios di ejemplo de trabajo al hombre en la creacién del mundo, en la formacién de los cuerpos y en comu- nicar el movimiento al universo; El puso en la tierra los gérmenes de la vi- da, y el operario saca de ellos flores y frutos; El deposit6 en las entrafias

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz