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IIUE 4 ¢ a 4 270 CONGRESO REGIONAL contento con su suerte, porque imitaba a Jestis, y al rico le obligé a arrodi- dillarse ante su divino Redentor, pobre y desnudo; y cuando estas dos clases sociales se unieron en la pobreza y en la humildad de Jestis, se dieron abra- zo y 6sculo de paz y de verdadera fraternidad, y cesaron las luchas, porque tanto el rico como el pobre se gloriaban de ser imagenes del Salvador en la pobreza evangélica y volaban a los desiertos y alos conventos mas pobres para imitar asi mds a Jestis y conseguir mayores riquezas en el cielo. Como esta magna cuestién abraza todas las clases dela sociedad, la Iglesia se encarga de sefialar un remedio eficaz para su arreglo, y lo hace poniendo ante los ricos y los pobres la figura de San Francisco de Asis y su obra, exclamando ante el orbe entero: «Mi obra social es la orden ‘Tercera de San Francisco.» Y en la Enciclica Auspicato dice de esta misma serdfi- ca institucién: «Nada hay tan eficaz, nihil est enim efficacius, para todo género de vicio en su germen, la violencia, la injusticia, el espiritu revolu- cionario y la envidia entre las diversas clases de la sociedad, cosas todas que constitiyen los principios y elementos del soc/alismo.» Y como la pri- mera base para resolver la cuestién social es la nocién de Dios y de la vida futura, de que deben impregnarse hasta la saciedad tanto los obreros como los capitalistas, he aqui lo que en la misma Enciclica dice Leén XIII, el Pon- tifice de los obreros, acerca de los hijos de San Francisco de Asis: «Se con- funden con el pueblo en las calles y en las plazas; sin aparato de lugar ni pom- pa de lenguaje comienzan a exhortar a los hombres al desprecio de las cosas terrenales y al pensamiento de la vida futura. Maravilla da ver cuales fueron los frutos de la empresa de estos obreros evangélicos, en apariencia tan ineptos. Una multitud dyida de oirles corria en masa a ellos y comenza- ba luego a llorar sus faltas, a olvidar las injurias y a venir a sentimientos de paz, arregladas todas las diferencias.» Para que no tengamos la menor duda de que el remedio para la cuestion social estd en el Patriarca de los pobres, nos dice Leén XIII: «En aquel tiem- po el error miiltiple de los albigenses, excitando a las muchedumbres contra el poder de la Iglesia, habia turbado el Estado, abriendo al propio tiempo el camino a cierto género de socialismo. Lo mismo hoy los fautores y propa- gadores del naturalismo se multiplican, los cuales..... aprueban la violen- cia y la sedicién en el pueblo, atentan contra la propiedad, adular las pasio- nes de los proletarios, y minan los fundamentos del orden social, civil y do- méstico. En medio de tantos y tan grandes peligros comprendereis cierta- mente, Venerables Hermanos, que hay motivo para esperar mucho de las Instituciones Franciscanas, restituidas a su primitivo estado.»—Y en verdad, en medio de la mas horripilante confusién de derechos y deberes, de la mds encarnizada lucha entre la aristocracia, y de la mds opresiva esclavitud del feudalismo, aparece Francisco entre las masas que tienen hambre y sed de justicia, de verdad y caridad; y aparece, no en trono de grandeza, sino con un pobre y dspero habito, con profunda humildad, con una sencillez encanta- dora, con un desprendimiento absoluto de todo lo terreno, con una fé que transporta las montafias, ensefiando la Cruz en una mano y el Evangelio en la otra, sanando los enfermos y consolando los afligidos como su divino Ma- aii ies inal Bis, ake ne
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