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DE TERCIARIOS PRANCISCANOS los pobres y desgraciados que son la imagen de Jesucristo. Serfan obedecidas las autoridades legitimas, en nada se ofenderfa a nadie; disposicién de dnimo la mas eficaz para arrancar de cuajo la violencia, las injurias, el capricho por las novedades, la envidia entre las varias clases de la sociedad, en fin, todo , habito vicioso de semejante naturaleza, de que trae su origen y sus armas el so- cialismo. Por ultimo se arreglara perfectamente la cuestién de las relaciones en- tre pobres y ricos, que tanto da que hacer a los economistas. (1). Resumiendo La Orden Tercera de San Francisco tiene positivo valor social. Asi opina la Iglesia. Asi lo demuestran la intencién del Fundador, los articulos de la Re- gla y el caracter y espiritu de la misma Orden. Pero no se entienda que la Orden Tercera es una entidad con fines de auto- _ protecci6én econdmica al estilo de los sindicatos, ni siquiera con fines econdémi- cos altruistas. Es una entidad de fines espirituales, que por su organizacién, su espiritu y su cardcter puede influir, y de hecho ha influido mucho en favor de la sociedad. Noes accién econdémico-social, sino accién religioso-social la que la Orden Tercera presta en favor de la Humanidad. Unién y cooperacién de los Terciarios de las di- ferentes clases sociales En el Congreso Terciario de Montauban, celebrado el afio 1890 se recono- cid el cardcter militante de la Orden Tercera; mas esto no es atribuirle cardcter agresivo. La Orden Tercera es militante a estilo de San Francisco, aestilo de Jesucristo, a estilo de la Iglesia. Ni San Francisco, ni Jesucristo, nila Iglesia han adoptado el procedimiento de la agresién. Y si éste es siempre condenable, lo seria mas entre entidades o agrupaciones catdlicas. A los que manifiestan espiritu de acometividad violenta, se les pudiera decir: <Nescitis cujus spiritus estis», como dijo Jesucristo a San Juan y a Santiago. Aun cuando se trate de reivindicar derechos, todas las palabras y todos los actos y todos los sentimientos deben ir guiados e informados por la caridad, reina de las virtudes. Con esto no aludimos tan solo a las violencias y desérdenes y enemistades condenadas por el Papa Benedicto XV en su carta al Obispo de Bérgamo (Mar- zo 1920) sino ala acrimonia de lenguaje que emplean muchos directores de ac- ci6n social, y que también fué denunciada y reprobada por el mismo Papa en la referida carta. Y aludimos finalmente a los que en contra del dictamen y ense- fianza del mismo Papa (en la misma carta) solose acuerdande reclamar dere- chos y no de cumplir obligaciones, con lo cual conculcan los principios de la jus- ticia y de la caridad. Siendo la Orden Tercera una entidad que alberga en su seno inmenso nu- mero de todas las clases sociales, no puede tolerar que entre sus miembros se (1) Enciclica ‘‘Auspicato".

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