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ADEN es STS 258 CONGRESO REGIONAL de cuerda e informados de su espiritu de fé y humildad cristiana; contra la emancipacion de la moral (o morai independiente) ella prescribe la penitencia, la abstencién de todo espectaculo peligroso y la modestia de los vestidos; con- tra la emancipacién social nos da la soluci6n franciscana que consiste en hacer del rico un pobre voluntario y del pobre un enamorado de la pobreza...» (Car- fa al R. P, Provincial de Capuchinos de Andalucia, Abril, 1921.) ei | 4 e El Excmo. Sr. Ragonesi, Nuncio de Su Santidad. «zCual es el fin de la Orden Tercera y el de sus miembros? Es llevar la ar- monia a los individuos, a las familias, a la sociedad... de esta suertela Orden Tercera se nos presenta no solo como obra maestra de armonfa, sino como factor armonizante en las relaciones individuales, domésticas y sociales....» (Discurso en la Asamblea anual de Terciarios de Madrid, 9 Enero, 1916.) Argumentos internos 1. Lq mente de San Francisco y su conducta. II. La Regla de la Tercera Orden. Ill. Fin, cardcter y esptritu de la O. T. F. La mente de San Francisco y su conducta San Francisco de Asis hubo de conocer que la misi6n que Dios le confiaba | era universal; que su deber no era solo la santificacién de su alma, sino traba- j jar por el bien de los pueblos. ; | Debi6é comprenderlo al oir las palabras y terminante mandato del Crucifijo de la iglesia de San Damian, al ser favorecido con la visién del Palacio lleno de armas sefialadas con la cruz, al darse cuenta dela rara simb6lica visién del Papa Inocencio Ill, y al oir las contestaciones de Fr. Silvestre y de Santa Cla- ra, los cuales, después de pedir a Dios separadamente con larga oracion, le sig- nificaron que la voluntad divina era que se dedicase al apostolado. Era, pues muy natural que San Francisco imprimiera a sus creaciones un cardcter religioso-social para que ejerciesen aquella influencia salvadora que el Papa Benedicto XV califica de honda y universal y de la que dice Tomas de Ce- lano que basf6 para renovar la Iglesia de Cristo en los fieles de uno y otro Sexo. En consecuencia, no solo organiz6 cristianamente las ingentes masas de personas que le segufan, sino que quiso, como dice Benedicto XV, que cada uno de sus seguidores, fuese un apéstol de la paz y de la virtud. El convencimiento intimo de la misién que le fué confiada por Dios, le mo- vio a apaciguar tantas veces las discordias que en aquel tiempo de turbulencias tenfan divididos los pueblos, a predicar el Evangelio con aquel ardor que le ca- racterizaba, a escribir tanto ntimero de cartas a Sacerdotes, a los fieles de to- do el mundo, a los gobernadores de los pueblos, etc.

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