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Pes SO I CAT me POS ge en eee RORY ROW ea EEE ap Bek ae SENT ert SR DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 247 que podrian organizarse facilmente, se llegarian a trocar los corazones de las jévenes y quedarian convertidos de vanidosos en enemigos dela vanidad, de veleidosos en fuertes, de inmorales en santos. Para los hombres se han constituido multitud de sociedades y centros re- creativos, mientras que en favor de la mujer nada 0 muy poco se ha hecho en este punto. Por eso es por lo que después de asistir a las funcjones religiosas, —aquellas que asisten—no tienen otra distracci6n que la exhibicién 0 el paseo, sopena de mezclarse y tomar parte en los bailes, cines y teatros, nada decentes y muy perjudiciales. Verdad es que pueden emplear aprovechadamente el tiempo en obras de ca~ ridad, en las escuelas dominicales y en grato consorcio con la familia, pero ni todas tienen santa abnegacién para ello, ni se les puede exigir alas que pasan toda la semana trabajando, ni muchas tienen familia para comunicar, porque, aunque la tengan, cada cual se marcha por su lado. Instittiyanse, pues, dichos centros femeninos, y en ellos caben las platicas piadosas, las escuelas dominicales, los recreos honestos, mediante los cuales se aficionaran, sin duda, las j6venes a conversar amistosamente con otras j6- venes, fomenténdose de este modo la fraternidad, se abstendran de acudir a otros de corrupcion y se les apartaraé de mil lugares peligrosisimos y de mil pe- ligros fatalfsimos. Estos centros deberan estar siempre bajo la direccién de algtin Religioso de la Primera la Orden, o de algtin ejemplar Sacerdote Terciario, los cuales elegi- ra4n personal a propésito para que desempefien los cargos que sean necesarios, mostrando gran interés en la buena marcha de la sociedad y corrigiendo carita- tiva y prudentemente cualquier desman que tanto en el lujo como en las palabras 0 acciones pudiere cometerse, no consintiendo en manera alguna que nadie se - presente con modas indecentes. a Y pues bien sabido es cémo no se pondrfan en practica esas modas escan- ‘s dalosas si no hubiese modistas que se dedicasen a esa labor; debe tenerse por muy conveniente y hasta por necesario el establecer, no una academia de corte para las j6venes Terciarias, sino cuantas sea posible establecer, con tal de que se ensefie la hechura tinicamente de prendas de vestir que estén conformes con la decencia, sana moral y con la modestia cristiana; academias que pueden em- pezar—si se creyera conveniente—en las escuelas dominicales adheridas a los Centros Femeninos Terciarios, hasta que, reunido suficiente nimero de perso- nas, puedan proporcionar abundante trabajo a una o varias academias por se- parado, las cuales siempre y en todo caso deberén estar bajo la direccién de las Terciarias, quienes, a su vez, deberdn favorecer con sus encargos a tales aca- demias. Asi se propagaré la decencia en el vestir, y convencidas las mujeres de que no hay que mas las embellezca que la honestidad y la virtud, acabarén por despojarse de los trajes indecentes y provocativas desnudeces, para adornarse con los vestidos decentes de las Terciarias, adornos que dan realce y dignidad a la mujer, engrandecen su reputaci6n, favorecen el respeto que se le debe, con- tribuyen no poco a tomar estado conveniente, propagan la moralidad, el ahorro, el bienestar de las familias y de los pueblos y adelantan el triunfo definitivo de la Religién Cat6lica, que busca la salvacién de las almas y la felicidad de todos. Conclusiones practicas 1.° “Fomentar las instituciones religiosas para juventudes franciscanas,
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