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246 CONGRESO REGIONAL iais en sus Vestidos, y en el ornato de su persona un modelo de santa honestidad a las demas mujeres y doncellas; y piensen que de ninguna otra suerte, pueden merecer mas de la Iglesia y de la sociedad gue cooperando eficazmente a Ia reforma de las corrompidas costumbres... Los Terciarios Franciscanos, con la integridad de su fé, y con la inocencia de su vida y e/ esfuerzo de su voluntad, deben difundir por todas partes el buen olor de Cristo y ser prontos a recobrar con su consejo y con amorosa invitacién \os hermanos que se hubiesen apar- tado de los senderos de la vida.» Debemos, por consiguiente excogitar los medios practicos para moralizar a la mujer, por lo que alas modas se refiere, y nada sera mas eficaz que infiltrar en el coraz6n de Ja misma el amor a las hermosuras celestiales, el anhelo por los bienes eternos, el deseo de agradar a Dios practicando las virtudes, y la su- misi6n de las pasiones al espfritu por medio de la mortificaci6n. De esta mane- ra caeran en cuenta de lo falaces que son las aparentes bellezas de la tierra y de lo poco que nos han de servir para la otra vida, que ha de ser eterna, las alabanzas y los deslumbradores arreos de este mundo. Para esto, es indispensable reunir, con la mayor frecuencia posible, a las Terciarias, e inculcarles y hacerles ver la obligaci6n estricta que tienen de ves- tir honestamente y de portarse con modestia en todas sus acciones y modales, apartandose de todas aquellas diversiones peligrosas y de los espectaculos in- morales, segtin les manda la regla de la O. T., sin dejar de amonestarles con todo encarecimiento, acerca del deber que tienen las madres de reprender a sus hijas cuando en algo de esto faltaren, no consintiendo en manera alguna, con sus condescendencias infcuas, que ostenten lujo inmoderado, ni sigan modas me- nos decentes, sino que tanfo en sus arreos como en su porte se muestren dignas hijas de una Terciaria ejemplar, predicando las virtudes cristianas con el sermon eficacisimo del buen ejemplo, contribuyendo positivamenle a impedir el progre- so del mal y propagando la modestia. También se hace necesario reunir a las j6venes en congregaciones, herman- dades, etc., para que de esta suerte pueda llevarselas al Santo Templo en de- terminados dias y horas, con el fin de dirigirles algunas platicas religiosas y hablarles conforme a ellas conviene, para que se convenzan y sepan apreciar el cimulo de males morales y materiales que se les pueden seguir, y se les siguen de hecho, de su obrar poco recatado y excesivamente libre, asf como de su ves- tir pagano y escandaloso, tratanto, al mismo tiempo, de ponerles de manifiesto los muchos y grandes bienes que se les seguirifan si obrasen como de ellas exi- ge la divina Ley. Mas como no siempre se les ha de poder reunir en las Iglesias, porque hay muchfsimas que enfrascadas en el mal, 0 seducidas por los falsos_atracti- vos que tiene el mundo sienten hastio con la seriedad de las cosas divinas y les fastidian las funciones religiosas, en las que no hay lugar al fomento. v. exhibi- cién de la vanidad, se impone la pronta fundacién de centros religiosos para las jé6venes, en los que a la vez que se les proporciona un rato de solaz y ho- nesta recreaci6n, se les debe instruir en todo lo que conviene que sepa una mu- jer honrada y hacendosa. De este modo se les apartaré de mil peligros en que, de no estar recogidas en dichos centros, podrian encontrarse; y, ademas por me- dio de conferencias 0 instrucciones religioso-cientificas, por medio de las bue- nas lecturas que se les pueden proporcionar con una pequeifia biblioteca por me- medio de avisos saludables y santas conversaciones, por el buen ejemplo, por medio de representaciones escenicas morales y hasta por medio de certémenes : q ee a . q : sl - 3 EAB SS Phe
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