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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 245 Ja firmeza de la fé, y de un sinntimero de humildes Virgenes, que con sus virtu- _ des, oraciones y penitencias rigurosas, lograron salvar al mundo con su ejem- plo, influyendo asf en la suerte definitiva de la humanidad, Es que en el seno dela mujer se inicia la vida del hombre; en sus brazos se _desarrolla y crece alimentaéndose con el dulce néctar de su pecho luego que ve la luz del mundo; de la mujer aprende las primeras palabras; guiado de la mujer da los primeros pasos; la mujer enjuga nuestras primeras lagrimas; imprime __ con carifio en nuestro tierno rostro los primeros besos, y todos estos benefi- -__ cios que Ja humanidad debe a la mujer no puede olvidarlos jamas. jPor eso el e. corazon del hombre cede con facilidad a los deseos de la mujer! ae De aqui que cuando Ia mujer conserva su bondad y moralidad se puede de- -_ cir con raz6n que la humanidad es buena; pero cuando la mujer se pervierte y se olvida de su dignidad, puede asegurarse sin temor a equivocaci6n alguna, que la humanidad esta pervertida. He aqui, pues, que hoy la mujer ha olvidado sus grandes destinos, y aun- que tal vez sin darse cuenta, camina precipitadamente a la desmoralizacién, la cual repercute en toda la sociedad por desgracia, demasiado corrompida. Victima, la mujer, de su vanidad y capricho, parece que no piensa en otra cosa, sino en servirse de cuantos dones Dios le entreg6é con el fin de que le sir- viese y le alabase, para tender lazos malditos, en los que enredados los morta~- les, sean estos inutilizados para toda buena obra, y caigan en poder del Demo- nio. oe Y a la verdad: usan de los vestidos mas para dar pdbulo a su coqueterfa y __ presunci6n y para excitar las bajas pasiones del hombre, que para cubrir su desnuda vergiienza, y abusan hasta de los lugares mas sagrados, presentando- se sacrilegamente en la misma casa de Dios, con provocativos adornos, con paganas desnudeces y con mil aromas y afeites fomentadores de la molicie, que contribuyen no poco al desbordamiento de Ios mas perversos instintos. Si pues uno de los fines principales que se propuso San Francisco al esta~- ___ blecer su Orden Tercera fué: <encaminar hacia la perfeccién cristiana a todos be _ los Terciarios y estimular a todos los demas a que hagan lo mismo», no deben __ perdonar ningtin afén para introducir en las costumbres sociales el espiritu __ cristiano; y teniendo en cuenta que la mujer ejerce tanta influencia en el mundo, es indispensable que trabajen con ahinco por moralizarla, para después mora- lizar al hombre, cuya religiosidad jamas podremos obtener mientras en la mu- jer no arraiguen las costumbres religiosas. Y pues el origen de la desmorali- zacién por la que desciende la mujer, se debe hoy mas que otra cosa, a las mo- das indecentes en el vestido y en porte; a la Tercera Orden le incumbe trabajar sin descanso para moralizar las modas femeninas, segiin es voluntad expresa del actual Pontifice Benedicto XV, manifestada en su magnifica Enciclica Sacra propediem, en la que, al lamentar angustiado y clamar contra el lujo desmedi- do'y las modas descocadas e indecentes, seguidas por las mujeres de todas las edades y condiciones, por el tinico afan infatuado de agradar ante los ojos del mundo; y al escribir contra los bailes indecentes que acaban con el resto del pudor, exhorta encarecidamente a los Terciarios con estas palabras que de- muestran sus anhelos: «Si atentamente consideran, los Terciarios, todas estas cosas,—los males de nuestro siglo, --comprenderan facilmente lo que de ellos, hijos de Francisco, reclaman los tiempos actuales. Consideren la vida da su Padre, y manifiésiense hijos de El, abrazando la pobreza, alo menos espiritualmente y llevando su propia Cruz. Y Jas Terciarias, en cuanto a ellas especialmente atafie, ofrezcan tae ae be pS ge, E ‘ pase a te Ia By we 5

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