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See ey. eg Le Ts aan ore, ee Re DE TERCIARIOS PRANCISCANOS 241 _ en que contase con elementos suficientes, abriese una escuela de corte donde las Terciarias aprendiesen a confeccionar los habitos y alli donde el ntimero de _ Terciarias fuera reducido, podria nombrarse una costurera oficial, que se encar- _ gara del corte y hechura de los habitos. Conclusiones. 1,* Sera aconsejado para las Terciarias el uso del habito de San Francisco. 2.* La Orden Tercera, se encargara de establecer una escuela de corte donde las Terciarias aprendan a confeccionar sus habitos. 5.* Caso de no ser factible la conclusién segunda, las autoridades de la _ Orden Tercera, procederdn al nombramiento de una maestra de costura, encar- gada de confeccionar lo mas econémicamente posible los habitos de las Ter- ciarias. 4.° Que, como antiguamente, tome la Iglesia cartas en el asunto. _ 5." Que después de estas conferencias, se queden las Terciarias para tra- trar de este asunto y la que esté conforme con lo expuesto, dard su firma en las listas que se facilitaran con este objeto. Espero de vuestra religiosidad acendrada, de vuestro entusiasmo terciario, que todas, sin excepcién ninguna, habeis de acogerlas calurosamente. Epilogo. A engalanarnos pues, con el habito de San Francisco, que ha cubierto el ___ cuerpo de Santos esclarecidos, como San Luis, Rey de Francia, Santa Isabel a de Hungria, San Ignacio de Loyola, San Vicente de Paul, San José de Calasanz, Santa Isabel, Reina de Portugal, Santa Brigida, etc. De Pontffices Pio IX, Leon XIIl, Pio X, Benedicto XV. De reyes ilustres como los Reyes Catdélicos, Felipe Il. De sabios eminentes como Balmes, Muri- llo, el intrépido Crist6bal Colon, etc. De guerreros infatigables como Juana de Arco. Animo pues, a vestir el habito sin temor a la burla y al respeto humano. Una dama, pasa por nuestro lado, cubre su cuerpo negros crespones, y to- da ella va envuelta como en una sombra de tristeza jllora acaso la pérdida de su unico hijo muerto gloriosamente ene! campo del honor, defendiendo la en- sefia de la patria! a nadie se Je ocurre burlarse de las lagrimas y del mudo do- lor de aquella dama, seria monstruoso,; seria inhumano. Desde el fondo del Sagrario, llega como una queja lastimera, como un sus~- piro de dolor, la voz suavisima de Jestis que solloza: jay del mundo por sus - escéndalos! ; Los vestidos indecentes, son los que renuevan en Jestis los dolores de su pasion! Y ghemos de seguir esclavas de la moda indecente, agrandando el do- ____ lor de Jestis, poniendo hieles en sus labios divinos cuando ellos murmuran «tengo sed de reparacién de tantas desvergiienzas, de tantos escdndalos, de tantos ultrajes? a Jesus llora, y ante el dolor de nuestro Padre, nosotras debemos enlutar- 5 nos, y entonces podremos acercarnos al taberndculo y decir: Sefior; aqui esta- mos tus hijas, venimos a ofrendarte nuestro amor en reparaci6n de los dolores que sufres por la indecencia del vestir! 16
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