BCCPAM000522-3-10000000000000

240 CONGRESO REGIONAL tes, nuestras abuelas, barrfan las calles con sus rozagantes colas 0 asemejaban globos préximos a levantar el vuelocon sus mirifiaques, no me negaréis que para confeccionar aquellos vestidos, emplearfan un poco mas de tela, de la que se gasta en los modernos, y si cotejamos facturas de aquellos con facturas de éstos, las cantidades que arrojan aquéllas resultan irrisorias al lado de las fan- fasticas que vemos en éstas; ahora, tela muy poca, pero el precio del vestido a mucha altura, sin duda para ponerse a tono con la elevacién del borde de la fal- da. Bien, ya hemos hécho el sacrificio de sacarnos un ojo de la cara por lucir un nuevo vestido; por una temporada, iremos vestidas en consonancia con el ultimo graznido de la moda, pero, al momento, cuando la tela de nuestro vesti- do no ha empezado a ajarse y (cuidado que son fragiles las telecitas de ahora) ya tenemos a la moda voluble como mujer frivola, cambiando de gustos, ridi- culizando lo que antes ensalz6 y ante la imposibilidad de seguirla,’ deslizanse por la corriente que el lujo desmedido las induce, a la ruina aunque sean fami- lias opulentas, naciendo rivalidades, odios, tristeza, y por Ultimo viene la des- honra. El lujo, dice Bergier, seca la fuente de toda riqueza; hace insoportable y odioso el matrimonio por causa del derroche dela vanidad mujeril, de donde se sigue que se multiplica escandalosamente el numero de los solterones, liber- tinos y lascivos. : 2.° Modestia por conciencia En cuanto a los efectos morales, también deja huellas el lujo desmedido; endurece el coraz6n, debilita el cardcter y hace la vida inttil; el lujo paraliza to- da virtud y aceptando el habito de San Francisco, la modestia florecera de nue- vo en la tierra y ese derroche de dinero, que hacemos en traposy vanidades, podremos emplearlo enalivio de tantos desgraciados hermanos nuestros que viven muriendo en esta vida de dolor, sin que nuestro coraz6n pretrificado por el egoismo, acuda a llevarles un pedazo de pan, para el hambre de sus cuerpos y un raudal de ternura para la sed abrasora de sus almas. Ademéas nuestra tranquilidad, nos impone el uso del habito Terciario. To- das vosotras, escandalizadas ante el atrevimiento de la moda actual, puestas en el trance de haceros un vestido, habreis sentido sobresaltos, en vuestras con- ciencias, disgustos y quebraderos de cabeza y hasta noches de insomnio, por hallar un modelo que se pueda lucir con tranquila conciencia. jiNo sucederfa igual vistiendo el habito Terciario!! La moda de las Terciarias San Francisco de Sales, querfa que sus dirigidas vistiesen las mas elegan- tes. 4Consistiré la elegancia en gastar ricas telas, caminando sudorosas bajo el peso de las joyas? No, el sumum de la elegancia consiste en la sencillez y to- da mujer de buen gusto, que goce fama de elegante, viste refinadamente senci- lla; asflo querfa el Santo, Debemos pues, si queremos acreditarnos de per- sonas de buen gusto, vestir el habito de San Francisco religiosamente honesto, _ armoniosamente sencillo y practicamente econdémico. Resueltas ya a vestir el haébito Terciario 4cémo ha de ser éste? Desde lue- go el color marrén; en verano podia usarse un tejido fino, claro esté, o bien vestido o chaqueta (esto a gusto de cada una) animdndolo con cuello y puntos blancos; el cord6n, podia susfifuirse por una banda. En invierno, o chaqueta 0 abrigo marrén, pero ha de ser con la circunstancia especial de que todos los hdbitos han de tener un mismo corte. Para esto, muy conveniente seria que la Orden Tercera, en aquellos puntos : f yao la soissctamicinille lida, eK a ore eM i

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz