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238 CONGRESO REGIONAL sefioras y sefioritas que se llaman cafd/icas, no las vemos eleganiemente des- vestidas, rivalizando en procacidad y desenvoltura con esas desgraciadas que trafican con el impudor y la indignidad? gQuién podraé asegurar que es una res- petable madre de familia, aquelia que luce unos brazos maés 0 menos. torneados (mas bien menos que mas) y el nacimiento de los cuales apenas cubre un poqui- tin de tela? Indudablemenie se le olvid6 a la modista pegar las mangas; pero seguid examindndola, y en seguida os llamard la atencién el amplio, amplfsimo escote que gasta por delante, y como si no fuese suficiente, tiene una segunda edici6n corregida, o mejor dicho descorregida y aumentada que se prolonga por la espalda. Y aqui empiezo a dudar que fuese olvido de la modisia_ entregar el vestido sin mangas; pero, no divaguemos, continuemos nuestro examen. Vea- mos qué distancia mide del suelo al borde la falda jjhorror!! nuestra vista tro-— pieza escandalizada con el mismo color de los brazos, con el mismo color del escote. 4Serd que la moda ha impuesto a sus victimas usar medias de un tono carmesi? Fijémonos bien, el tono carmesi negrea un poco jjah!! son gasas ver- gonzantes que descubren lo que hipécritamente fingen tapar. Y ahora decidme, ¢quién podra distinguir en esas dos elegantes que por nuestro lado pasan cinicamente ataviadas de las descocadamente desvestidas? a la desgraciada que comercia con el pecado, de la respetable sefiora cargada de hijos y afios (aunque el tocado intente disimularlo) de la sefiorita «bien» que acaso pertenezca a la Asociacién de la Inmaculada 0 quizé quiza cifia el cordén de San Francisco? Pero atin mas reprobable, inverecundo y digno de las iras” del Sefior es que vayan por esas calles sembrando el escdndalo, pisoteando el pudor. Van mas lejos; llegan en su cinismo a profanar sacrilegamente la mora- da Santa, y allf se presentan, no en son de arrepentimiento vistiendo el aspero sayal del penitente a llorar sus desvergiienzas a los pies de Jestis Crucificado, no; alli las vereis, cuidadosas de su silueta, con sus transparencias, con sus escotes mal cubiertos por tules, y lo que es mds doloroso, las vereis avanzar hacia el comulgatorio, cuando el Sacerdote distribuye con mano temblorosa el Cordero Inmaculado que gusta reposar en los corazones aromados por los li- rios de la pureza y las pasionarias del arrepentimiento. Paganismo de la moda No basta—decia un César romano—y eso que su alma no estaba iluminada con los fulgores de la fé, no basta que la mujer del César sea honrada, es ne- cesario que lo parezca, y las mujeres catélicas que se precian de ser hijas su- misas de Jesucristo y de su Iglesia, glo parecen realmente? y no pregunio si lo son. Desgraciadamente hemos de confesar con honda tristeza, al verlas_rindien- do un culto pagano a la indecencia del vestir, que las hijas sumisas de Jesucris- to y de su Santa Iglesia, se han trocado en fervorosas servidoras del espiritu del mal. {Al fuego pues los vestidos indecentes! jGuerra sin cuartel al nefasto impe- ,tio de la moda, hija predilecta de Satan! Cémo ha de vestir la mujer catélica Y ahora adivino en vuestros labios una interrogacién. gCdémo ha de vestir la mujer cat6lica para que merezca el titulo de tal? Todos los que han combatido la obscenidad de la moda actual, al tocar este punto abogan por una modera- cién en el vestir; de ningtin modo quieren que la mujer catélica se convierta en i Shean he op tas % 1 oA aes ed EO - ede gt Mia ime st.
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