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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 235 bergue, para llevar lumbraradas de consuelo y amor al hogar pobre; Santa Rosa, que punzada por todas las espinas, combate, con ce/o activo, hastala muerte, contra los enemigos de la religién. El Pontice Leén XIII, dirigiendose ala mujer francesa, y en ella a la mujer catélica, la recomienda, asi mismo, intensa accién social. «Ya no bas- ta, dice, que se encierre la mujer en obras de beneficencia, no; le pido que vaya al pueblo, que le hable, que le preste servicio con verdadera confra- ternidad cristiana.» Es preciso, después de esto, que toda terciaria se sume al ejército acti- —para todas hay en él lugar,—ejército que engrosara, jDios lo quiere! cuando se cumpla el deseo del Pontifice: «Donde quiera que haya aSociacio- ciaciones catélicas de jévenes, de obreras o de sefioras, tinanse a la Orden Tercera, y con el mismo espiritu de San Francisco, trabajen por la gloria de Jestis.» Entonces, toda obra de perseverancia y reparacion del oprimido y débil, singularmente del nifio y la mujer, como Sindicatos, Cajas del Ahorra y Mu- tualidad, Refugio materno, Patronatos contra toda explotacién, Escuelas do- minicales y del Hogar, Trata de blancas, Oratorios festivos, Reformatorio de menores, Visitas carcelarias, y otras mil semejantes, que esperan para producirse en grande, el corazén y el sacrificio de la mujer, se realizaran, llevando impresa la marca del espiritu catdlico y terciario. Urge emprender la cruzada. Del Oriente de Europa avanza siniestra la densa nube que lleva en su seno el fuego de la destruccién. Vientos de tempestad le preceden, despertando en los hombres rabiosa sed de reivindicaciones utdpicas, bajo la roja ensefia del sindicalismo sin Dios. Zarpazos de fiera en acecho denuncian su presencia entre nosotros. To- do cuanto amamos, hogar, patria, religién, esta en pees hay que prepa- rarse para la lucha, ahora que es tiempo. La mujer catélica, la mujer terciaria tiene en las avanzadas un puesto de compromiso y de honor. A ella incumbe, con una accién social intensa y bien dirigida, ganar la voluntad y el corazén de la masa popular femenina, mejorando su condicién, conquistandola para el Cielo, e impidiendo su acce- so en las huestes contrarias. La obra exige solidaridad, estudio, trabajo, desinterés; mas «a las cum- bres gloriosas se asciende siempre por la via del sacrificio.» Conclusiones. 1.% La terciaria debe atender en primer término a su perfeccionamiento espiritual por el ejercicio de las virtudes franciscanas distinguiéndose por su porte modesto, y su apartamiento del bullicio mundano. 2.% Convencida de su influencia en el hogar doméstico, debe ejercerla, con el buen ejemplo, suave y constantemente, imponiendo, —si es jefe o tiene atribuciones del tal,—su autoridad enérgica, omnimoda e inapelable en caso
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