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234 CONGRESO REGIONAL La vida entera de San Francisco es cual cédice maravilloso, cuyas pé- ginas impregna el amor a sus hermanos, hasta el ultimo conmovedor instante, en que los convoca junto al lecho de muerte, impone sobre sus cabezas las traspasadas manos y les reparte, aimitacién de Cristo, el pan de la gracia con su tiltima bendicién que el cielo ratifica. Cuarto grupo Capitulo segundo. Articulo noveno.—Mantengan los terciarios cui- dadosamente la caridad y benevolencia con los extrajfios. En la doctrina del Apéstol del Amor Universal era imposible se prescin- diese del mandato divino que a todos nos liga por el amor; y es de admirar el tino con que San Francisco va enderezando el camino de sus adeptos, Ile- vandolos, del amor propio, base de toda perfeccién, al de la familia, al de los Hermanos, al de toda la humanidad. «Mantengan cuidadosamente la caridad y benevolencia con los extra- fios», regla final que puede ser cumplida en dos formas: Primera. Intervencién indirecta por el ejemplo. Segunda. Activa y directa por la accion. Tengamos presente que en ambos casos la accién individual produce efectos muy limitados, como no emane de tipos de santidad eximia, siempre excepcionales; y observemos a la vez, que los grandes caracteres que han desviado con la magia de su querer el eje del planeta, siempre buscaron coo- peradores para intensificar y hacer durable su acci6n. Las dos formas de intervencién antedicha, aparecen englobadas en es- tas palabras de la Enciclica de Benedicto XV: «La Iglesia exige y espera de los Terciarios que difundan el buen olor de Cristo con la integridad de su fé, inocencia de su vida y actividad de su celo. . Cuatro millones de terciarios repartidos en hermandad por el mundo, observando fielmente en si mismos, en su familia y en sn Orden los evangé- licos preceptos de la Regla; jqué poderoso estimulo para los cristianos ti- bios; qué contundente argumento para los incrédulos, qué abrumador con- traste para los perversos y corrompidos! La Iglesia exige ademas y espera del terciario un celo activo, pene- trante, armonizador, aunque no de acometividad y de lucha, sino de paz y concordia. Mas la terciaria, debera intervenir también en las campajfias de celo ac- tivo? No le bastard con las del buen ejemplo? La frase de San Juan Criséstomo resuelve la cuestidn: «Las mujeres— dice—pueden tomar parte igual que los hombres en los combates por Dios y por la Iglesia». No olvidemos las palabras de revelacién divina que movieron a Francis- co al Apostolado: «Ve a predicar, porque Dios te ha elegido, no para ti so- lo, sino para la salud de los demas.» La terciaria hade ser imitadora del es- piritu del Santo De las mds encumbradas glorias terciarias son las dos Santas menciona- das en otro lugar: Santa Isabel, que desdefia las comodidades del regio al- a aes ital A A Og Shy Mii atti Baad ais

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