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252 CONGRESO REGIONAL los tiltimos, un mohin y un levantamiento de hombros: se. consumé la degra- dacién de una alma. éRemedio? nos lo da bien claro y terminante la Regla que comentamos: «despreciar todo lujo y elegancia excesiva ,observar la moderacién segtin la condicién de cada cual. Las terciarias suman en el mundo algunos millones, y si de modo direc- to no pudieren ellas combatir la ola de paganismo que nos envuelve, por lo menos, vistiendo con el decoro debido, establezcan de hecho una divisoria: de una parte las que llevan en el corazén y en la frente el signo del crucifi- cado; de otra las que no lo llevan o lo ocultan. El ejemplo sostenido de aquellas, acabaria por diezmar el ejército de éstas, formado en gran parte, mds que por impuras, por inconscientes y fri- volas. Articulo 2.°—Se abstendran (las terciarias) con sumo cuidado de bailes y representaciones peligrosas. Asi; de un tajo, sin distingos ni atenuantes, los bailes quedan proscritos. En cuanto a las demas diversiones, solamente las peligrosas. San Francisco no quiere para las terciarias la estrechez claustral; han de vivir en el mundo y han de compaginar la vida de interior recogimiento con el continuo embate de los agentes exteriores, como el drbol, que sacudi- do por vientos y tempestades, conserva inalterable el ritmo uniforme de la savia que lo sustenta. La terciaria puede y debe ocupar sus ratos libres en entretenimientos Ii- citos no peligrosos. Mas en los que el mundo ofrece, ¢cémo establecer la dis- tincién entre peligroso e inlofensivo? El cinematégrafo y el teatro, los es- pectdculos mas concurridos, gen qué grupo clasificarlos? Es verdad que su bondad o malicia dependen del acierto en*la eleccién de obras; mas de no existir una censura previa que en cada caso concreto guie a las almas timo- ratas, la prudencia aconseja abstenerse. El problema, sin embargo, queda sin resolver, y hay que pensar seria- mente en sustituir las diversiones: mundanas peligrosas por otras que no lo sean, y reunan a la vez para la juventud el atractivo de aquellas que se proscriben. En tanto queda a la terciaria un recurso de suprema distincién. Es Francisco un amador ferviente de la bella naturaleza. «Poeta mag- no», insuperable artista, extrae de las cosas la esencia de lo bello, para ofrendarla, sublimada en la copa durea de su corazon, ante el altar de la Be- lleza Increada. Los pajarillos se abaten hacia él, cubriéndolo, acariciadores, con sus alas inquietas; el feroz lobo de Eugubio, arrodillado en su presencia, le pro- mete fidelidad y le sigue mansamente; las tdrtolas anidan en su celda y le confian sus hijuelos; en el dspero retiro de Aurvenia un halcén vela su suefio con solicitud dijérase maternal, y de continuo se embelesa y regocija su alma précer ante la hermosura de los Cielos y el esplendor de la tierra, que pre- gonan la gloria del Sefior. He ahi el filén de la cantera franciscana que, como fuente de limpios pe ‘agi se by e Hs a 4 Elita Anas SS am hy oie Th ay ve rag eas siberian eke he

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