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Te A eR TREE TC Fa ce Pe ee PR ee a es ae ee pa ere Re Rae ReeRE ie Katey HSS Ne DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 251 Asi puede afirmar Ledn XIII: «El testimonio de las pasadas edades hace conocer cuanto es ef poder de la Tercera Orden en favor de las costumbres justas, integras y religiosas.» La Orden Tercera en nuestros dias En nuestro siglo, tal vez después de un instante de pasajero decaimiento ha recibido un nuevo impulso, para que en la sociedad moderna, tan necesi- tada de savia espiritual, cumpla los fines que se propuso el Santo Fundador, Reformada la Regla por Leén XIII, acomoddndola a las exigencias de los tiempos, sin alterar su cardcter intrinseco, viene a constituir el «yugo suave y la carga ligera», con cuya direccién y dulce peso afidnzase en Jestis nuestra peregrinacién por la tierra. De los tres capitulos en que hoy estan contenidas las prescripciones de la Venerable Orden, podemos hacer cuatro apartados, que correspondan res- pectivamente a los deberes del terciario consigo mismo, con la familia, con sus hermanos de Orden, con la sociedad. ~ Todos ellos quedan reducidos a dos; individuales, de solidaridad natural o espiritual; y ambos embebidos en el foco rutilante que abrasaba el alma del Serafin de Asis: el amor de Dios. Breve glosario de algunas disposiciones de la Regla. La Regla establece su imperativo sobre todo terciario, sin distincién de sexo; mas la indole misma de los mandatos en relacién con las exigencias del Tema que tratamos de desarrollar «La Orden Tercera y la Mujer», nos invi- ta a glosar, brevemente, sdlo algunos de ellos. Primer grupo. Los deberes terciarios del primer grupo, que se refieren al peculiar per- feccionamiento, es seguro serdn en su mayoria cumplidos con escrupulosidad por toda terciaria: ayuno, frecuencia de sacramentos, misa, rezo examen de conciencia, templanza en el comer, moderacién en el decir. Quedan todavia dos, que en el Capitulo II del Reglamento van a la ca- beza, sin duda porque su infraccién, muy al uso en el ambiente del siglo, amenaza arteramenie a |a terciaria, llevandola por pequefias claudicaciones a su completa riiina moral. Capitulo II, art. 1.°—«Los individuos dela Tercera Orden, despre- ciando todo lujo y elegancia excesiva en el porte y vestido, observaran la moderucién que 2 cada cual le corresponde». De intento qued6 subrrayado en parrafo anterior el vocablo arteramen- te, porque ninguna mujer de espiritu cristiano acoge de primera intencién las provocativas modas que nos escandalizan. A la manga larga sucede en gradacién ascenderte la semi corta, la cor- ta, la supresion. Cada grado significa un conflicto de conciencia y una transaccién ver- gonzosa. Los primeros conflictos son apéstrofes violentos del pudor herido;

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