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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 229 diente, impetuoso, denodado, que le exalta a la cumbre de la samtidad, di- fundiéndose en candentes Ilamaradas sobre las criaturas todas del Universo «sus hermanas>, para entonar con ellas un himno de alabanza al Creador. El espiritu de la mujer es también amor... «que siempre cree y nunca se agota,» dice San Agustin. Y es para ella el amor como el cauce por donde fluye su vida, que in- formada por aquel, se ofrece mansa y benéfica, sembrando de florecillas 1a ribera; o amarga y estéril, absorbida por la arena ingrata; o rauda y torren- cial, escupiendo ruina y desolacién. Cefiido de tosco sayal, demacrado por la penitencia, en éxtasis de amor, recorre Francisco los pueblos, despertando con el prodigio de su corazén la dormida conciencia de los hombres. La fama del Santo se extiende rdpidamente salvando fronteras. Su sola presencia calma los odios fratricidas, detiene las relajadas costumbres,e in- ee funde contricién y fervor en los endurecidos pechos. ee eaten Su paso por la tierra es como onda de mistica luz suave y atrayente, que absorbe y funde en si cuanto se le aproxima. El espiritu de la mujer hubo de sentir muy pronto y muy extensamente aquella influencia; y como doce siglos antes, en tropel, con sus nifios en los brazos, las mujeres rodeaban al Maestro para escuchar su doctrina y recibir su bendicién, ahora salen también al encuentro de Francisco, presentandole sus hijos para que los sane, sus almas para que las purifique. Institucién de la Orden de Clarisas Quiere la Mujer participar de la vida mortificada de San Francisco, y al efecto, apenas transcurridos tres afios de la fundacién de la Orden de Me- nores, instituye la de Duefias Pobres bajo la norma de obediencia, pobreza, castidad, mortificacién y guarda del Santo Evangelio. Clara, la hermana espiritual de San Francisco es la fundadora de la Orden. De noble origen, joven, hermosa, inteligente y rica, oye la ardiente pa- labra del Serafin de Asis, y enamorada de la Verdad Eterna, depone las ga- las mundanas en el altar de Cristo, para cefiir el dspero sayal de penitente. Unense a ella multitud de mujeres; muchas nobles, algunas de estirpe real. De Italia extiéndese la Orden por los diversos pafses europeos, y el espiritu asceta del Pobrecillo, depositado, como rocio en cdliz de azucena, enel seno de las Virgenes del Sefior, purifica el ambiente del siglo, sacu- dido por la herejia, envilecido por la general d'solucién. La Orden de Clarisas se difunde, y sus monasterios son centros de san- tidad que apaciguan las pasiones del mundo. Institucién de la Orden Tercera Providencialmente habiase resuelto en la conciencia de San Francisco el conflicto que por algtin tiempo la conturb6é. ¢Debiera ser su ocupacién pre- ferente la contemplacién o el apostolado?

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