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224 CONGRESO REGIONAL Segunda fase de esta consagraci6n fué'el colocar en 1889 y 1900 en las puertas de las casas el escudo con la imagen del Coraz6n divino, pracfica que irrit6 las iras del infierno que querfa hacernos volver a las catacumbas, prohi- biendo la profesién piblica de nuestra confesién. A esta cruzada batalladora se ha seguido como tercer acto del drama del reinado del coraz6n de Jestis en las familias otra poética y triunfante: /a enfroni- zacién. Es que quiere ya el Corazén de Jesis tomar solemne y definitiva pose- sién de los hogares cristianos y asentar en ellos su trono como Rey. La idea de la realeza de Jesucristo, ensefiada por la Teologfa Franciscana fan en absoluto, tan desligada de toda condicién eventual, debe profesarla todo terciario Franciscano y en consecuencia debe ser la Orden Tercera la mas entu- siasta propagandista de la entronizacién del Corazon de Jesis en los hogares. IV Conclusiones. 1." Los Terciariarios considerarén el hogar doméstico como el mejor y y mas ameno de los circulos. 2.° No se abandone en las familias Terciarias el rezo del santo Rosario, del Angelus y la bendicién de la mesa. 5." Los padres Terciarios no toleraran que sus hijos se aparten del hogar para asistir a diversiones peligrosas. Antes bien procurardn introducir la cos- tumbre de pasear reunida toda la familia. 4.° No permitan a las hijas el excesivo lujo nila inmodestia en el vertir. Para saber a qué atenerse, seria de desear que los obispos den normas concre- fas y detalladas. No permitan en casa la entrada de ciertas revistas ilustradas que son el vehiculo de la pornograffa. 5.° No se olviden los Terciarios de ejercitar la caridad, ya desprendién- dose de alguna cantidad para los pobres, bien dedicdndola al culto, ya al ador- no de altares, etc. Sr. D. Inocentes Santos Fernandez. El ferviente Terciario franciscano, de Dicastillo, examina en su Memo- ria \as causas de los males que todos lamentamos; y dice que son la igno- rancia por parte del entendimiento y la falta de energias por parte de la vo- luntad. Dios y la sociedad nos piden que acudamos en cuanto esta de nuestra parte a remediar ambas causas. Pondera la necesidad de la educacién no so- lo de la inteligencia, sino mas bien de la voluntad. Educar, dice, es orientar y despertar la conciencia del nifio, del joven y aun del hombre adulto elevandola hacia Dios y ensefiarle a apreciar y prac- ticar el bien y a odiar el mal. Débese inculcar el concepto de moralidad. Sin él habra ciudadanos mas o menos honrados en apeciegcie, pero no buenos cristianos titiles a la sociedad. En la familia débese poner exquisito cuidado en la educacién de los hi- jos, mas atin que en la escuela. Las madres terciarias, sobre todo, con el es- t ie = a wee ibe, ee ae eS ahi rie 8 dali ] | i
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