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222 CONGRESO REGIONAL b) Otro caracter distintivo de la vida cristiana es el amora la Cruz de nuestro Salvador, opuesto diametralmente al amor de los regalos, de los place- res y de todo aquello que fomenta nuestra sensualidad o malsana curiosidad. No son cristianos dignos del cielo los que no quieren imitar a Cristo Cru- cificado, los que no aceptan el Evangelio tal como salié de los labios de Jestis que nos dice nos neguemos a nosotros mismos y mortifiquemos nuestras malas pasiones y torcidas inclinaciones. Ensalzamos la cruz con nuestras palabras y la deprimimos con nuestras obras; damos culto a la cruz y ofendemos al Cru- cificado; queremos ser de Cristo y no queremos crucificar nuestra carne; olvi- damos lo que dice San Gregorio, que el que nunca quiere mortificarse en las cosas lfcitas, vendra a perpetrar cosas ilfcitas; y aun reconociendo el riesgo que hay para nosotros y también para otros por el escdandalo que les damos en asistir a ciertos espectdculos y diversiones, en usar ciertas modas nada deco- rosas, en leer ciertos periddicos y revistas, y en seguir ciertas costumbres mo- dernas, no dejamos la corriente del mundo, enemigo de Jesucristo y de nues- tras almas y nos olvidamos de que el espfritu de penitencia y mortificacién es propio de los tiempos que pasaron. Pues bien; la conformidad en las privaciones de la vida, la humildad cris- tiana en el uso del vestido y comida, la moderaci6n en las recreaciones y la ne- cesidad de la penitencia para conseguir el premio del cielo vienen ensefiadas e intimadas en los cuatro primeros nimeros del citado capitulo.: ce) Y volviendo al punto de partida, recordaré aquellas palabras de Jesu- cristo «mi paz os doy.» Nunca ha habido mas necesidad de hablar de paz que en estos tiempos en que en vez del amor reina el odio irreconciliable de hermanos contra hermanos, el odio a los hombres, el odio a la iglesia, el odio a Dios. El cristiano se olvi- da con frecuencia de que el precepto sobre que descansa todo el Decdlogo es el doble amor a Dios y al préjimo y ha sido necesario que el Papa, el represen- tante del Rey Pacifico haya dicho al Terciario que San Francisco en medio de las discordias de su tiempo se propuso desbordar la caridad de que se “hallaba inflamado su coraz6n y comunicarla a los individuos y alas familias para asi transfundirla al cuerpo social. Es que a ejemplo de Jesucristo que fué modelo de amorosa bondad con sus Apéstoles, como lo fué cuando buscaba al paralftico para darle la salud, y cuan- do sanaba al siervo del Centurién y alimentaba en el desierto a las turbas y tra- taba con Zaqueo, con la adiltera, con la samaritana y derrochaba a raudales su inmenso amor con el alma negra de Judas Iscariote, sus hijos los cristianos, cuanto mas cristianos, mas caritativos fueron; y en particular los Santos y to- davfa mas en particular los Fundadores de Ordenes religiosas como San Fran- cisco son los que han llevado al mas alto grado el ejercicio de la mas dulce fra- ternidad que broft6 en el mundo al soplo del Evangelio. Y hoy que por amor desmedido a las riquezas, ni los ricos se contentan con lo que tienen ni los po- bres se resignan con su pobreza, y unos y otros o codician con demasiado afan lo que todavia no poseen o guardan con demasiada avaricia lo mucho o poco que ya poseen, se hace preciso mayor ejercicio dela caridad, la cual tiende a remediar las necesidades espirituales y temporales, arrancando de nuestro co- raz6n la podredumbre de la codicia que se apodera de muchos que se tienen por buenos cristianos pero que ni se molestan en hacer bien a sus_ prdjimos en el orden espiritual ni se conduelen de las necesidades corporales de los mismos; est4n los tales muy bien retratados en aquella aleluya con que fustigaba no ha
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