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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS) - 221 Contra la constituci6n cristiana de las familias conspira el individualismo que impera en todos los 6rdenes y que hace que se pierdan muchas fuerzas y energias que bien aprovechadas producirfan muchos bienes. El cristianismo hace de la vida de familia un centro de felicidad mediante el vinculo del amor sobrenaturalizado por el espiritu de fe y de sacrificio. jY a esta vida de familia se oponen hoy dia tantos elementos disolventes...! La vida del hogar va desa- pareciendo y todos, ricos y pobres, viven mas en la calle, en el casino, en la taberna, en la fabrica, en el cine, en el teatro, sitios nada apropésito para la formaci6n cristiana. Y siel marido aislado de su mujer gasta y despilfarra y y sobre todo despilfarra el tiempo que debe asu mujere hijos, la mujer que quiza observa que no es considerada debidamente por su marido y si es obre- ra tiene que proporcionarse con su trabajo lo que aquel no allega, desatendera la educaci6n de su hijos y si no es muy virtuosa, estaré expuesta a vender su honestidad si no encuentra trabajo o no tiene fuerza de voluntad para sujetarse al mismo. Si queremos evifar estos desequilibrios domésticos y sociales, hagamos a la familia cristiana; lo cual es realizable, porque aunque el mal*lo invade todo y penetra hasta en los mismos manantiales de la vida, sin embargo la institu- cién-familia ha sido dotada por Dios de tal virtud que siempre tiende al bién y es susceptible de regenerarse y perfeccionarse. Hay que apretar los lazos de familia haciendo que convivan los individuos de la misma, lo cual es origen de bienestar, ingenidéndose la esposa para hacer agradable al maridola vida del hogar esforzéndose asimismo por dirigir bien la casa, evitar gastos excesivos en el vestir, comer y mueblajes, guardar la moderaci6n en todo y tomar con in- terés la formaci6n del coraz6n y cardcter de sus hijos a una con la coopera- cién del marido en este Ultimo extremo. * La manera de conseguir la cristianizacién de la familia, es proponerse fir- memente los Terciartos hacer penetrar en su familia el espfritu de Jesucristo tan exactamente copiado por San Francisco Asfs. No ha visto el actual Pontffi- ce medio mas decisivo para cristianizar la sociedad que invitar a los fieles a in- gresar en la O. T. a fin de practicar el Evangelio con toda la perfeccién que se puede dentro de la vida familiar y preparar mediante la imitacion de San Fran- cisco el camino y regreso a Cristo, como dice el Pontifice. a) Uno de los elementos constitutivos de la vida familiar cristiana es la oraci6én. Esta quiza es practicada por los individuos de la familia aisladamente, pero la familia como tal no invoca a Dios, no le rinde el hermoso tributo de la oraci6n y se va perdiendo la costumbre de rezar el Ange/us en familia (y conse- cuentemente en la calle) cuyo rezo no saben dirigirlo muchos padres y madres; de bendecir la mesa y de rezar el Santo Rosario: en una palabra, Dios esta des- terrado del hogar y con E! Ja felicidad. Y no se diga que en la iglesia se reza el Rosario y que se puede acudir a él, pues muchos no acuden y siempre creo pre- ferible el rezarlo en familia; y asf va sucediendo que en vez de llevar la religién de la iglesia a los hogares, cristianizandolos, a fuerza de practicar la piedad so- lo en el templo, vamos sacando la religién de la familia y nos vamos seculari- zando. Pues la Regla de San Francisco nos intima la vida piadosa en general en los nimeros 3.°, 5.°, 6.°, 8.°, 10.°, 11.° y 14.°, y en especial la practica de la ora- cidén en los nimeros 3.°, 6.° y 14.° del cap. 2.° «Norma de vida».
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