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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 211 tanes del ejército, reformadores de estatutos». (F. Prudenzano. Francesco d' Assisi e il suo secolo. p. 204.) Aquellas muchedumbres no iban arrastradas por un sentimentalismo super- ficial, apariencia de devocién y simulacro de virtud; eran gentes que se dejaban influir décilmente por el espiritu de San Francisco, espiritu de penitencia y de renunciacién. Practicaban la virtud en grado herdéico, como Santa Zita y Margarita de Suavia, criadas de servicio; como el Beato Luquesio, comerciante; como Alber- to de Bérgamo, labrador; como Nevolén de Faenza, artesano. : Por eso nadie debe extrafiarse que los Papas y los Obispos hayan puesto su esperanza en la Orden Tercera. «jTerciarios, hermanos mfos, vosotros sois mi veterano ejército; exclam6é Mons. Carsalade, Obispo de Perpignan (Febrero 1903). A vuestra abnegacion acudo para librar los buenos combates a favor de la verdadera patria, que es el cielo...» Como prodigio de actividad en la cristianizacién de los pueblos pueden ci- ' farse més de treinta y dos Congresos Terciarios celebrados de 40 afios a esta parte, cuyos frutos se han traducido en una mayor intensidad de espfritu reli- gioso y mayor grado de participaci6n de las virtudes franciscanas. El espiritu catélico de las masas de Terciarios de Guiptizcoa les inspiré la idea de movilizar los nifios de aquella Provincia en el afio 1910 y 1911 organi- zAndolos en cinco peregrinaciones que significaban entusiasta adhesién al de- creto de Pio X sobre la Primera Comuni6n, decreto que atin no habfa sido aceptado en la practica. El espfritu cristiano les movi6é a los mismos terciarios de Guiptizcoa a or- ganizar una protesta general contra el proyecto del Ayuntamiento de San Se- bastian de quitar el Crucifijo de las cantinas escolares. El Crucifijo lleg6 a qui- tarse, pero ante las protestas de tantos millares de Terciarios, el Ayuntamiento acord6 colocar un cuadro que representaba a Jesucristo distribuyendo el pan milagroso a las muchedumbres. b) Encauza la accion social.—1.° Persuadiendo la resignaci6n en la po- breza. 2.° Inspirando la caridad, laborando por la paz y fomentando el espiritu de F asociacién. e 5.° Acudiendo ai amparo y socorro de los necesitados. 1.° Persuade Ja resignacién en la pobreza.—La palabra codicia més atin que la ambicioén nos da la explicaci6n de todos los transtornos sociales, de que en todos tiempos ha sido teatro el mundo. El mayor bienhechor de la humanidad seré el que logre penetrar en las al- mas y derramar sobre ellas el baélsamo de la resignaci6n en la penuria y el amor a la pobreza. ’ En tiempo de San Francisco la lucha entre ricos y pobres era tan viva y tan implacable como hoy, lucha que alcanz6 las proporciones de un incendio universal, merced al combustible que con sus feorias arrojaron los albigenses y valdenses. El Pobrecillo de Asis vino a ensefiar con el ejemplo y con la palabra el amor a la pobreza y la resignacién en la penuria. Después de Jesucristo es el primero y tinico que adopt6é la pobreza altisima y \a di6 como distintivo de la escuela que fund6. <Sefior (oraba un dia al lado de Fr. Maseo), el Gnico legado que deseo dejar a mis Hijos es un amor acendrado a la santa Pobreza,..» Prohi- ’ are e

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