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210 CONGRESO REG'ONAL Frente a los Federicos de Alemania, a |os Enriques de Inglaterra, a los Bo-* napartes, la Orden Tercera presenta a Monarcas como San Luis IX de Francia que mientras ordena oradar la lengua de los blasfemos con un hierro incandes- cente, levanta hospitales para los pobres y se arrodilla cubierto de cilicio ante la corona de espinas de Jesucristo y visita al Papa con la sumisi6n de un hijo y se abraza con un santo Religioso; y a una insinuaci6n del Papa, se pone al fren- “te de las cruzadas. La Orden Tercera presenta Monarcas como San Fernando Rey de Espafia, Felipe Il, Felipe Ill, Felipe 1V, més augustos por sus virtudes atin, que por el trono que ocupan. Frente a Isabeles de Inglaterra, la Orden Ter- cera presenta a Isabel de Portugal llamada ange/ de Ja paz, \sabel de Hungria, Eduvigis, duquesa de Polonia y de Silesia. E] emperador Francisco José de Aus- tria tan querido y respetado, era Terciario. Y Terciario era el gran Garcia Mo- reno, Presidente de la Repiblica del Ecuador, quien al tener noticia de la usur- pacién de los Estados Pontificios, protest6 enérgicamente y exclam6é: «<jAy si el Ecuador tuviera escuadra!> Pero ademas la Orden Tercera ha dejado sentir su influencia en el Senado, en la Magistratura, en el Parlamento, en el ejército, en todas las clases sociales que (como decia en son de queja René-Bernard en el 6rgano mas6nico L’Actién 18 Febrero 1909) se asocian secretamente para ejercer en los Estados una ac- cién semejante a la de las Congregaciones Religiosas. (S. Eijan p. 56.) Ante estos hechos no es extrafio que exclamara el republicano Costa: «Quien no haya de gobernar por amor de Dios, no nos sirve. Necesitamos en el Go- bierno Bismarks injertos en San Francisco de Asfs, que tengan mas de San Francisco que de Bismark.» (El Eco Franciscano, 1 Agosto 1910). Vv Sanea las masas populares a) Oristianizandolas.—Lo ha dicho el Papa Benedicto XV en su Encifclica «Sacra Propediem», En efecto: La orden Tercera de San Francisco, que como derivacién de la Primera, pertenece a su escue/a, tomando por norma de vida el Evangelio, cristianiza los pueblos llevando al seno de las muchedumbres la semilla santa de las ensefianzas de Jesucristo. Ya en tiempos de San Francisco el pueblo se apresur6é a asociarse a la Or- den Tercera, en la que vefa una salva-guardia de sus derechos y una arca de salvacion. San Francisco aparecié en el momento en que los trastornos sociales eran mas graves, las injusticias mas tirénicas, los odios més irreconciliables, las pasiones mas desenfrenadas, el vicio mds altamente entronizado. 4Qué hubiera sido de aquellas masas populares si no hubieran ofdo la voz de un nuevo cru- cificado que les llamaba a la resignaci6én, a la paz, a la mortificaci6én y a la pe- ‘nitencia? Y los pueblos le siguieron, tan decididamente, que no querfan otros directo- res de su vida social y doméstica que los Franciscanos. Legiones de terciarios - acudian a los conventos de Franciscanos, para confiarles los cargos mas _ deli- cados. «Los frailes de San Francisco (escribe Prudenzano) eran tesoreros, ca- marlengos, archiveros, consiliarios, secretarios: En los Conventos de Francis- canos se celebraban las juntas; alli tenian lugar alianzas secretas y se formula- ban las leyes. Se les daba voto para elegir jéfe; eran tribunos del pueblo, capi* SS tee taka ae ‘a a ; 5 - a & 3 3
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