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DB TERCIARIOS FRANCISCANOS 209 nado al Mediodia, Fr. Crist6bal, acompafiado de Guy de Levis, fund6 varios -conventos en el Languedoc y en su derredor organizé poco después numerosas Fraternidades de la Orden Tercera, como sus compafieros del Norte. Pues bien: diremos con el sabio Abate P. Doreau; «Los demagogos heréti- cos que no cedieron ante las expediciones de Simén de Montfort, hubieron de ceder ante el desprecio y la indignacién de las masas populares Terciarias....» (Saint Francois d‘Assise et son oeuvre.) gY quién podra calcular la influencia que ejercieron aquellas muchedumbres franciscanizadas por el taumaturgo San Antonio de Padua en Toulouse, Vendome, Chateau-Neuf etc. El Papa Bonifacio VI! elogia a San Luis Rey de Francia, Terciario, por las leyes severisimas que dict6 contra los albigenses. (Bulla Canoniz.) En el siglo XVI el Protestantismo tuvo su mds formidable enemigo en la Orden Tercera. La franca y tenaz oposicién que se hizo 4 Enrique VIII fué diri- gida en Inglaterra por el Terciario Tomas Moro, que pagé con la muerte sus protestas contra la herejfa y su tenaz resistencia al reconocimiento de la autori- dad espiritual del Monarca. De la oposicién de la Orden Tercera 4 las sectas de nuestros dfas tenemos un valioso documento en la encfclica «Humanum Genus> de Leon XIII: Después de lamentar el Papa los graves males que causa la masonerfa, pide 4 los Obis- pos y al Clero que se apliquen a poner remedio 4 tan perniciosa secta. Y uno de los remedios que el Papa sefiala como eficaz es Ja Orden Tercera de San Fran- cisco: «Renovamos nuestro encargo ya repetido, de propagar y fomentar con toda diligencia la Orden Tercera de San Francisco. E! tinico fin que le dié su Fundador es atraer a los hombres a la imitacién de Jesucristo, al amor de su Iglesia y a la praéctica de toda virtud cristiana. Mucho ha de servir por lo mismo a extinguir el contagio de estas perversas sectas. Auméntese cada vez mas esta ~ santa Instifucién.» Finalmente citaremos las palabras del célebre publicista Mr. Germain: «Si el Kultur-kampff concluy6 en Alemania, si el safanismo no logr6é conquistar la Italia, si la Masonerfa y el Socialismo no gangrenaron por completo las clases obreras de Francia, el éxito es debido en gran parte a los Hijos de San Fran- cisco. Estos han demostrado realmente que estaban llamados (como dice el Beato Vianney, Cura de Ars) a hacer revivir el espfritu cristiano en las horas de E la lucha y persecuci6n. Delos quinientos mil Terciarios que hay en Francia E ésabese de alguno que haya desertado?» (/nfluence de S. Francois sur la civi- i lization.) La observacién de Mr. Germain la hallamos confirmada por las palabras del anticlerical Mr. Laferre, quien para defender a la masonerfa contra los ata- ques a ellos dirigidos durante una movida sesi6n parlamentaria en 1904, no re- paré en oponer la Tercera Orden a la Masoneria haciendo esta declaracién: é : «Hay documentos que prueban que la Orden Tercera es el punto de apoyo de la politica de Le6n XIll y de Pfo X; etc. (Véase: P. Venance. San Francisco de Asis y su misién social. p. 47.) Por tiltimo, de todos los Terciarios podemos decir lo que de Santa Rosa de - Viterbo, Terciaria, dice el Proceso de canonizacién: «Contra haereficos horri- biliter saevierat, a los herejes hacia guerra sin tregua.> b) La Orden Tercera lleva el espiritu catélico a Jas instituciones.— Un buen modo de defender a la Iglesia, aunque mds indirecto que el que acabamos de exponer, es llevar el espfritu cristiano al alma de los legisladores. Los Jefes de Estado y los legisladores impfos han sido los que han hecho derramar mas lagrimas a la Iglesia: «Hisforia concordatorum, historia dolorum.» 14

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