BCCPAM000522-3-10000000000000

208 CONGRESO REGIONAL éHay que propagar un periddico catélico, un libro, un folleto? Todas las Hermandades se suscribiran al oir una sola palabra del Director o Visitador. &Quiere organizarse una protesta general contra un acuerdo anticatélico de un municipio, de un gobierno, etc.? Los Terciarios dardn sus firmas o iran al mitin, a la manifestacion, a donde se les llame. Y asi podemos decir de otros casos. lV La Orden Tercera defiende a la Iglesia Al ingresar un cristiano en las filas de la Orden Tercera, se le da esta or- den: «sumisi6n a la Iglesia, obediencia a sus ensefianzas, defensa de la Iglesia.» _ Con esto la Iglesia hace de cada Terciario, lo que a la Iglesia conviene. Comentando el Papa Leén XIII en la Encfclica «<Auspicafo», las palabras que el Crucifijo de la iglesia de San Damian dirigid a San Francisco: «Repara domum meam», dice que son simbdélicas y que la Iglesia habia de encontrar fuerte apoyo en la obra de San Francisco. Y afiade el Papa: Los Terciarios son los nuevos Macabeos que saben luchar en defensa de la Iglesia. a) Los Terciarios defienden a Ja Iglesia contra imperialistas, herejes y sectarios.—Nadie ignora que al tiempo en que San Francisco vino al mundo, la Italia estaba dividida en dos partidos: el partido gibelino y el partido gije/fo. En el primero militaban los secuaces y defensores del Emperador de Ale- mania Federico II. Este tirano que abrigaba ambiciones desmedidas sobre Italia y el Oriente y pretendfa cerrar el dominio del Papa en un circulo imperial, fué varias veces traidor a la Santa Sede; por lo cuel merecié ser excomulgado. No pocos ifalianos lo defendfan, porque sofaban renovar por medio de este mo- narca, los antiguos esplendores del Imperio Romano. Los giie/fos, opuestos a los injustos planes del ambicioss déspota y detes- tando sus traiciones, crueldades y tiranfas, se pronunciaron a favor del Papa. Muy a tiempo llegaron los Hijos de San Francisco. Porque formando columnas volantes, cuyo papel no podian componer los Pérrocos ni los monjes, ligados por sus obligaciones a un lugar y puesto determinado, recorrian los valles to- dos, entraban en las ciudades y en las aldeas, organizando nutridas masas ds Terciarios, los cuales se agregaban al partido de los giie/fos. Federico II expuls6 a los Franciscanos del reino de Lombardfa. No obstante, ellos penetraban en aquel territorio, cruzando montafias, vadeando rios y pu- blicaban la Bula de excomunion \anzada contra el tirano y le intimaban con de- nuedo las decisiones de la Santa Sede. Muy conocida es la carta que Pedro de Vifia, Canciller de Federico II, escribi6 a su soberano, quejandose de que las Hermandades Terciarias iban a arruinar su preponderancia. Esta confesi6n, di- ce Cherancé, explica la definitiva victoria de los giielfos por el espfritu de aso- ciacién puesto al servicio de la Iglesia. No fué menos eficaz y enérgica la intervenci6én de la Orden Tercera contra Albigenses y Valdenses. A solicitud de Guy de Levis, He RS de Mirapoix, que era uno de los mas valerosos capitanes de Simon de Montfort, asf como a peticién de Guillermo IV de de Cadailhac, Obispo de Cahors, ptisose San Francisco en camino para Francia, con intencién de predicar entre los mencionados herejes. Mas habien- do enfermado en Francia, envié a Fr. Pacifico, Fr. Angel y Fr. Alberto de Pisa, que quedaron al Norte de Francia; y a Fr. Crist6bal de Romagna que fue desti- eg 4 4 A x4 4 va : : t Cee ear ig is ao ee SEE ERS xa para cna Siaes Susie a aS ie es j i $5 2 om eS ea

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz