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bee DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 207 El Apostolado de accién o la propaganda es una consecuencia del espiritu de la Orden Tercera: El Terciario como modelo de cristianos, mas que ninguno debe ser /ux in Domino, como dice San Pablo (ad Ephesios. V. 8); por eso al imponérsele el Habito al nuevo Terciario se le coloca una candela encendida en la mano. Ahora bien: es propio de la luz, invadirlo todo, penetrar en todas par- tes, iluminarlo todo. Una de las oraciones de la ceremonia de Toma de Habito dice que San Francisco fund6 sus Ordenes ut tibi augeafur credentium nume- rus, para que el ntimero de creyentes vaya en aumento. Y el Papa Benedicto XV afiade que San Francisco quiso que los Terciarios sean otros tantos apdéstoles. (Encicl. Sacra Propediem.) La Orden Tercera organiza a sus miem- -:- bros para una accién ordenada. -:- _La organizacié6n de la Orden Ter era se mantiene con miras a dos efectos, de los cuales uno llamaria yo negafivo, otro positivo; ambos muy eficaces. Por el primero, la Orden Tercera constituye un dique consistente que se opone a la invasion de toda tendencia inmoral y anticristiana, a toda idea o plan anticatdli- co: en una familia o pueblo de Terciarios no entraré un solo periddico sospe- choso. Esa avalancha de publicaciones pornograficas, esa ola de espectdéculos inmorales se detiene y se estrella ante un niticleo de Terciarios o ante el umbral de una vivienda de Terciarios. : Por el segundo, la Orden Tercera tiene dispuestos a los suyos para desple- gar una intensa actividad bien calculada y bien dirigida. Organizados por sus Directores, unas veces ejercen una accién suave, sin ruido estruendoso, sin de- jarse sentir. Son entonces como la lluvia blanda que penetra en la tierra y la fertiliza, como la gota silenciosa que cayendo rftmicamente, constantemente, ho- rada una piedra. Otras veces atacan resueltamente, buscando al enemigo en sus trincheras, empleando las armas mas adecuadas y oportunas para el caso, en- tre las aprobadas por la Iglesia para la accién catdélica. <La Orden Tercera se halla dispuesta maravillosameute para la formacién de propagandistas que necesitamos. Su santa Regla tiene la misma eficacia que en tiempos de su Fundador. Ella toma sus adeptos en la familia, en la in- dustria, en la escuela, en las asociaciones, en los diversos grados de la escala social y les ensefia a convertirse en auxiliares 0 coadjutores y aun en suplentes de los Ministros de Dios, en los sitios donde estos tienen que ejercer su minis- mete ¥ renovaci6n religiosa y social.» (Mgr. Franzi. Pastoral de Cuaresma, 1. «Los Terciarios reclutados en todas las clases sociales no vienen a ser si- no una de las milicias eclesidsticas, (decfa en son. de queja M. Bonnet en el Con- greso radical de Toulouse). La Religiédn es el medio de que se valen. Estan creados para la accién. Por todas partes, en todos los mas variados aspectos se nos pone en frente la Iglesia que recluta soldados y asedia al Estado... (Véa- se L’ Univers7 Oct. 1910. Y asf es en efecto. 4Queremos eaphender una campafia de moralizacién de modas femeninas? Busquemos a las jévenes Terciarias como dice Benedicto XV en su Enciclica Sacra Propediem; y busquemos a las modistas Terciarias. ¢éDeseamos ofrecer al piblico una serie de refutaciones de otra serie de ar- ticulos anticlericales? No hay mas que echar mano de alguno o algunos Tercia- rios cultos e instrufdos, a lo Mateos Gago o Nocedal o Manterola.

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