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202 CONGRESO REGIONAL lia y de Francia y el norte de Espafia, y lleg6 hasta el Asia y el Egipto. Legio- narios de la paz eran sus frai/es y sus Terciarios que la pregonaban y la defen- dfan ensefiando que la paz es un bien ante el cual deben renunciarse todos los bienes terrenos. Mas su predicacién no fué sélo de palabra. San Francisco qui- so que predicaran con el ejemplo. Y asf, a todos llamaban Aermanos; siendo -ofendidos, pedian perd6n al agresor, y heridos en una mejilla, presentaban la otra sin turbacién, y conculcados sus derechos, no tenian otro recuerdo que el de las propias obligaciones... Asf con total espfritu de renunciamiento, sus frailes descalzos, la cabeza descubierta y rapada, con una sola tinica y esta burda y remendada, sin dere- chos de ningtin género, porque los habfan renunciado voluntariamente, salen a a la conquista de la paz para el mundo y hacen el sacrificio de su vida y prodi- gan su sangre en Marruecos, en la India, en China o entre los herejes de Euro- pa. Asf cien y cien doncellas delicadas, de todas las clases sociales, dejan su patria y su fortuna y rompiendo los dulces lazos de amores terrenos, entréganse a la contemplacién de las cosas de Dios con lagrimas de expiacién por el mundo. Asi las mas ricas damas de la sociedad sacrifican su belleza y su bienestar para servir a los pobres, a los leprosos, a los desvalidos.Y asf, mientras legiones de franciscanos, como San Buenaventura, Alejandro de Ales y el venerable Duns Escoto, arrancando una pluma de las alas del maés encumbrado Serafin, ex- ponen al mundo los secretos del corazén de Dios; otras legiones, como San An- tonio de Padua y San Bernardino de Sena y San Lorenzo de Brindis y el beato Diego de Cadiz corren los pueblos exhortaéadolos como los dngeles el dia del nacimiento de Jesucristo: Paz en Ja tierra a los hombres de buena volun- tad. (Aplausos.) A \a Europa barbara sustituy6 la Europa franciscana... El cord6n franciscano cifié la purpura de los reyes llevando a su corazén los sentimientos de paternidad mas que de dominio y absolutismo. Cifié la toga de los magistrados y de los jueces inspiraéndoles la clemencia. Cifié la arma-— dura de los guerreros moderando y regulando el fmpetu de su fuerza. Estrech6 a los legisladores colocaéndolos dentro de la esfera de las leyes divinas, cuyos dos polos son el amor de Dios y el amor del préjimo. El cordén franciscano confundidése con el polvo de los pobres vestidos del obrero, llevando a su 4ni- mo la resignacién-y la paciencia. Ungiése al contacto de las manos de los ungi- dos del Sefior, y adquirié eficacia su labor apostdélica. El cord6én franciscano sefialé limites a la impetuosa y agitada marea de las pasiones. Y cuando en ca- da siglo y en cada afio surge un conflicto de caraécter social o religioso o un trastorno polftico que conmueve las entrafias de los Estados, aparece el cord6én franciscano como iris de paz y de esperanza en dfa de tempestad. 2No dijo Jesucristo que la iglesia serfa como una red que, andando el tiem- po, aprisionarfa dulcemente las voluntades? Pues bien; las mallas de esa dulce red se han tejido con el cordén franciscano. (Ap/ausos.) San Francisco apaciguando a la fiera de Gubbio y convirtiendo a los famo- sos salteadores de Albernia es simbolo de lo que hizo después su espiritu en los pueblos de Europa. La Europa conquistada por los bdérbaros, fué después salvada por San Francisco. Y cuando en medio de los mares surge un nuevo mundo, San Francisco con su cordén le echa un cable de salvacién... (Ap/ausos.) Acompafiando a los primeros descubridores van los hijos de San Francisco. Con més audacia que los aventureros y con mas intrepidez y constancia que los conquistadores van los franciscanos, sin mas derecho que los de un apéstol, sin més haberes ek SN ea atiia de cul aera aa
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