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DE TERCIARIOS PRANCISCANOS 201 San Buenaventura a presencia de San Francisco que oraba en las agrestes altu- ras del monte Albernia... La montafia esta convertida en un volcan; el crater es el corazon de San Francisco... Mas descienae de las alturas el mismo Jesucris- fo, y a su presencia, el Albernia no es sdélo un volcan, es mas que oe es mas que Horeb, es mas que el Tabor, es el mismo cielo. Y como dos llamas unidas se compenetran, y como dos aguas en un mismo . recipiente se mezclan, y como la luz de una antorcha a quien mirais en la misma direccién del sol, se confunde con el foco del sol, asf Francisco y Jesucristo quedaron compenetrados y ambos amores confundidos. Vivif vero in me Christus. : Y luego desciende Francisco de la montafia; y ya no es solo un profeta, no es solo un Apéstol, no es solo un gran Patriarca, es... un cielo viviente que empieza a mezclarse con la tierra. (Ap/ausos). Y cielo y tierra en fraternal abrazo empiezan a vivir unidos en esas admira- bles Instituciones que Ilamamos Ordenes Franciscanas. Y conftindense los hombres de todas las clases sociales y 6yese la palabra dulce de Hermano, que, aunque ensefiada por Jesucristo, habia sido olvidada por los mortales. Y empieza a tomar posesion del mundo la reina de las virtudes, /a caridad; reina augusta y divina que brot6 de Dios, que bastarfa por sf sola para convertir este destierro en un parafso; que enjuga todas las lagrimas, que remedia todos los males, que desciende a las cabafias de los pobres, que penetra en las carceles y va al lecho de los moribundos, que disimula toda deficiencia y todo defecto ajeno, que se entristece con los tristes, que llora con los que lloran y se alegra con los que se alegran; que es la solucién de todos los conflictos, de todas las contiendas, de todas las guerras; que se olvida de sf misma para pensar en el bien ajeno; que da sin interés el sudor, las fuerzas, la sangre, la vida, como = el divino Martir del Gélgota... (Ap/ausos). iOh caridad, reina de las virtudes! Zporqué hay en la tierra quien fe mira con recelo?.. Huestes de esta reina son los hijos de San Francisco. La paz, fruto e ideal franciscano. Pero estas huestas no se presentan en el mundo en son de guerra. San Francisco modelaba el mundo segiin el espiritu de Jesucristo. Y Jesucristo fué y es Principe de la Paz. Cristo vino predicando la paz y prometiendo a los amantes de la paz, el nombre de Hijos de Dios. El mismo Cristo muri6é para que su sangre fuera prenda de paz: pacificans per sanguinen crucis ejus. (Colos. |, 20.) Los hijos de Dios son comparados en la Sagrada Escritura no al laurel, que es simbolo de la guerra, sino al olivo que se simbolo de paz. No habita Dios en el espfritu de contienda, sino en medio de la paz. Tened paz, dijo San Pablo, y el Dios de la Paz vivira entre vosotros. Cuando Jesucristo preparaba el animo de los Apdéstoles para la conquista del mundo, les exhort6 a la paz, haciéndoles saber que la finalidad de sus con- sejos era que vivieran en paz: haec /Joquutus sum vobis ut in me pacem habea- tis. (Joan. XV1,33) Y San Francisco que més que un apostol era el Heraldo de Cristo y en frase de la Iglesia a/fer Christus, hizo de la paz uno de los elemen- tos de su programa. Gracia y paz era el saludo que de sus labios brotaba. En el amor de la paz educé a sus Hijos .ensefidndoles a renunciar derechos para evitar contiendas. Pregonando la caridad y la paz recorri6 las provincias de Ita-

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