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198 CONGRESO REGIONAL Tengamos fe en ello y merezcdmoslo, sobre todo merezcamos los tercia- rios, oponiendo a la libertad el dique de nuestras buenas costumbres, y digé- mosle suplicantes: «<jFrancisco! tus ardores difunde con clemencia y salvese por ellos la ciega humanidad!...» Una ultima ovacién delirante premié la hermosa labor de tan culta Pro- fesora y ferviente Terciaria. Los Sres. Obispos, admirados de su francisca- na erudicidén, la felicitaron repetidas veces. Tras de la emociones del arte oratorio, las emociones de la misica. El Orfeén hizo gustar con exquisito arte a los Congresistas las bellezas del «Cdntico del Sol» de E. Tinel, (Solo y Coro a cuatro voces.) El Rmo. e Iltmo. P. Atanasio Soler A ruegos de la Junta Organizadora dignése subir a la tribuna el Rmo. e Iltmo. Padre Atanasio Soler, Obispo de Citharizo y Vicario Apostdlico de Goajira, por no haber llegado de Madrid D. Rafael Sanz de Diego, cuyo dis- curso estaba anunciado en el Programa. El bondadoso Prelado, austero Capuchino, celoso e incansable Misione- ro entre los indios de Goajira, es ademas elocuentisimo orador, como lo de- mostré en nuestra jornada franciscana al improvisar su discurso. Ensayaremos reproducirlo, valiéndonos de las notas que de él tomamos a vuela pluma. Estas serdn palido reflejo de su discurso, pero los lectores podrdn recordar y saborear sus ideas. Excmo. e Ilmo. Sefior: M. Iltres. representantes de las Autoridades eclesiasticas, civi- les y militares: Venerable Clero Regular: Amados Congresistas: Aunque soy, como veis un Obispo, soy un Capuchino. Y como buen Capuchino voy a principiar pidiendo... Con humildad francis- cana os pido un favor, para vosotros facil, para mf inmenso... Mirad: me siento embargado por la emocién. Hace muchos afios que no me he dirigido a asambleas tan numerosas y tan cultas como esta; estoy ya ha- bituado a hablar con la sencillez del Divino Narrador de las Pardbolas evangé licas, a mis queridos indios dela Goajira. Y os confesaré lo que ya no es un secrefo para vosotros, pues melo habeis notado ya: un fuerte nudo me aprieta la garganta. Y aunque esto sienta, no debo dejar de hablar. Me lo han suplica- do mis Hermanos en nombre de la caridad; y la caridad es una reina que a to- dos subyuga y vence. Y yo me declaro vencido. Pero... y el nudo gquién lo soltara? jAh! nuestra Madre la Virgen Santisima con sus delicadas manos... Arrodillaos conmigo... rezadia una Ave Marfa. Este es el favor que os pido.

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