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DE TECIARIOS FRANCISCANOS 195 gelio, pues en verdad que en el espiritu y obras de San Francisco no puede en- -carnar mas que la moral evangélica, la moral que trajo como un florecimiento espléndida civilizaci6n cristiana, la moral que rehabilit6 a la mujer, la que nos _ hizo a todos hermanos, la moral que sell6 con su sangre el Hijo de Dios. En esta fuente divina bebi6é San Francisco la inspiracién de su Orden Ter- - cera, por eso nos invita a la practica de las virtudes, que son el eje de la vida cristiana, para que, a base de un sélido fundamento, construyamos el edificio de la propia santificacién. . Por esto, en la Regla de los Terciarios, desterrando todo lo que es molicie ‘enla vida, se preconiza la caridad, la templanza, la modestia, la justicia, la mansedumbre, la rectitud en los asuntos, la fidelidad, el buen ejemplo; virtudes en fin, que son el eje en torno del que ha de girar toda la vida del cristiano. Ya lo dijo Leén XIll: «Mas que santidad propiamente, ensefia la Orden Ter- cera a guardar honestidad y buenas costumbres, en cuya escuela el pueblo cris- tiano aprende a ir a Jesucristo publica y privadamente.» Queremos algo mas apropiado a las necesidades de hoy? Con la practica de estas virtudes se destierra todo odio, se aprende a vivir, y lo que es el col- mo de la ciencia: se aprende a morir. (Ap/ausos). ss La Orden Tercera obra social. Es ademas la Orden Tercera obra eminentemente social, pues que tiende a la santificaci6n de la familia y siendo la familia el eje de la sociedad se compren- de que, santificada la familia, la sociedad es regenerada. Nos lo dice la expe- riencia diaria: la labor del mejor educador queda anulada, si la influencia de la familia es perniciosa para la formacién del nifio. La familia es el ambiente que el nifio respira, en ella aprende aamaro a odiar, a dominar sus pasiones o a ser dominado por ellas, y en el seno de la familia el mafura/ del nifio, que es moldeable cual la cera, adquiere la forma que mas tarde se ha de llamar cardacfer, cuando el nifio llegue a hombre. En el hogar se debe ensefiar al nifio a someter sus actos ala sancién de la _ propia conciencia, y en una palabra, en el hogar debe aprender el nifio a ser re- ligioso para ser libre, pues como dijo Balmes: «El hombre es tanto mds digno de libertad cuanto es mas religioso y moral, porque entonces necesita menos freno exterior a causa de Ilevarlo muy poderoso en la propia conciencia.» Esta indudable trascendencia de la vida de familia la comprendié muy bien f San Francisco cuando concibi6é y fund6 su Orden Tercera. Los que por desig- | ___hios de la Providencia no pueden abandonar su hogar, los que por las condi- ciones en que Dios dispuso que se desenvolviese su vida no pueden prescindi@ de las cosas terrenales, también fueron objeto del amor de San Francisco y Nuestro Serdfico Padre, respetando legitimos intereses, legftimas aspiraciones y legitimos afectos, solo ansfa que se desenvuelva la vida de familia en un am- biente puramente cristiano: este es el objetivo de la Tercera Orden. Esto, que puede parecer a primera vista sencillo; esto, que parece un pro- grama sin aspiraciones porla poca austeridad que encierra—aparentemente—ha Sido, sin embargo, marco donde han encajado escenas grandes, grandes em- presas donde se han santificado almas que con la sola practica de las virtudes gue la Regla encierra, han dado mucha gloria a Dios. ras gpa - Mujeres de la Escuela Franciscana. 3B Y para honra y gloria de la mujer terciaria dediquemos aqui un recuerdo a ae 18

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