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DE TERCIARIOS PRANCISCANOS 191 : El grito de: «almas, quiero almas», que es el grito de Cristo en la Cruz, es también el anhelo del Serafin de Asis y por eso procuré6 la santificacién de todas ellas por medio del amor que atrae; por medio de la perfecfa alegria, que hace amar las cruces, y por medio del esp/ritu de abnegacién y sacrificio, que debe informar toda la vida cristiana. 4C6mo no hemos de tener que aprender hoy y siempre en esa escuela de santificaci6n? San Francisco de Asis es, en la historia de la Humanidad, un crater por donde sale el fuego de piedad y fe de su época; el pobrecillo de Asis no es més que una chispa que del coraz6n amorosisimo de Cristo, se desprende e inflama el coraz6n mas ardiente y enamorado que conocié el mundo, hasta llamarle «loco de amor». (Ap/ausos). El hubiese querido fundir en ese amor el mundo entero; nos lo dice su vi- da—recordemos que él convirtié al leproso blasfemo, él convirtié a los ladro- nes—¢qué mucho, pues, que la amorosa Providencia de Nuestro Padre celestial nos lo ponga hoy a nuestra consideracion, al celebrar este centenario, ya que lo que amenaza al mundo es muerte por enfriamiento del amor de Dios? La sociedad sin amor. Mas predica la reforma de costumbres un coraz6n humilde que una inteli- gencia privilegiada. Se entibia y enfria el amor de Dios en las almas, y, como es natural, se apaga la luz de los ideales; se entibia el amor de Dios y como con- secuencia se apaga la luz que alumbr6 las grandes empresas; este es el aspecto de la sociedad de hoy. Mas no lo olvidemos, la sociedad sera lo que la mujer sea; por tanto, a los terciarios en general y a las terciarias en particular, nos esta encomendado reavivar el fuego del amor de Dios y con su divina ayuda lo conseguiremos. La obra de San Francisco interesa a la mujer. De donde se deduce que tanto como al hombre interesa ala mujer conocer la obra de San Francisco; porque a Ja mujer interesan mas las obras del coraz6n que las conquistas de la inteligeneia; le atraen mas las obras caldeadas por un amor que las que salen del dominio frio del entendimiento, acude mas facilmente ae al dulce reclamo del amor que al terreno drido de la discusién filoséfica, por- -_ que las empresas del amor suenan acordes con los sentimientos del alma feme- " E nina, pues el alma de la mujer, hecha a los mas deli¢ados sentimientos, no pue- 7 de menos que emocionarse primero y compenetrarse después, con la empresa de San Francisco que es empresa de amor, no puede menos que rendirse ante el Santo que mas y mejor am6 a Cristo. (Ap/ausos). ; E El enamorado de Cristo. q s La Divina Providencia en el transcurso de los tiempos dispone y permite E que, para remedio de nuestros males, aparezcan grandes hombres, continua- dores de la obra de Jesucristo, y San Francisco es, en este sentido, continua- dor de la obra de Cristo. Jesucristo dijo: «Yo soy la luz del mundo» y bien po- demos afirmar: y «San Francisco es su faro>. Jesucristo dijo: <Yo soy el camino, la verdad y la vida». Pues bien; esa luz, a esa vida, ese camino y esa verdad nos lo da y ensefia San Francisco. El dijo de sf mismo: «Yo soy el Heraldo de un gran Rey», y de él dijo Inocencio Ill en el momento de confirmarle la Regla: he aquf verdaderamente, al que con obras y doctrinas sostendré la Iglesia de Cristo», y asf mismo lo entendié la piedad
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