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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 161 los Seminarios: «Abrigamos la esperanza de que nuestros Vbles. Hermanos los Obispos de cada Didcesis, harén mas eficaz con el concurso de su auto- ridad, la actividad que se va desplegando para la difusién de la Orden Ter- cera. Para que los simples fieles la aprecien en su justo valor, encomiénden- la vivamente los Obispos a los miembros de su Clero. Obtendran facil- mente este resultado si vigilan para que los aspirantes al estado eclesiastico, vistan las insignias de la Penitencia du- rante el tiempo de su formacién en los Seminarios.» 2.° La Orden Tercera, poderoso medio de santificacion en los Se- minarios: E\ Seminario, al propio tiempo que es centro de estudios, es el claustro en que las almas de los futuros Sacerdotes aprenden las virtudes propias del Sacerdocio. El mejor modo de llegar a la perfeccién es imitar en en cuanto sea posible el ideal de la vida religiosa. <Los Sacerdotes que vi- van a lo religioso, dijo Mons. d’Hulst, serdn los que logren regenerar las Pa- rroquias.» Ahora bien; la Orden Tercera modela a sus miembros y los regu- lariza a estilo religioso, como quiera que no es simple congregacién, sino verdadera Orden, en la que hay que atender no ya s6lo a la letra de la Re- gla, sino al espiritu que la informa, que es espiritu de amor de Dios, despre- cio del mundo, abstraccién de las criaturas, penitencia, etc. De este espiritu participaron y en él se educaron numerosos santos Sacerdotes, como San lvo y el Beato Juan Vianney, Parroco de Ars. Ademas el ingreso en la Orden Tercera acarrea ventajas inestimables: el derecho a las gracias particulares que Dios concede para conseguir las virtudes propias de cada estado; la par- ticipacién especial de todos los méritos de la gran Familia franciscana y las innumerables indulgencias concedidas a la Orden Tercera. Y no se crea que la Orden Tercera seré algun obstdculo para la disci- plina y reglamento especiales del Seminario. Confrontando un buen regla- mento de cualquiera de los mejores Seminarios, e. g. el planeado por San Carlos Borromeo, con la Regla de la Orden Tercera se ve que coinciden en el espiritu y aun casi en la letra de algunos articulos. Asi no es de extrafiar que la Orden Tercera se haya establecido candnicamente en muchos Semina- trios de Italia, Francia, Austria, Bélgica y en algunos de Espafia como Sevi- lla y Segorbe. 3.° El Seminario como centro de formacién de Directores de la Orden Tercera: E\ cargo de Director, observa el autor de esta Memoria, es de extrema importancia para el buen funcionamiento y seguridad de las asociaciones piadosas, sobre todo de la Orden Tercera que, como verdadera Orden, es un cuerpo moral disciplinado que opera bajo la direccién de sus Jefes por modo semejante al de las Ordenes Religiosas. Esa disciplina y obe- diencia es su necesidad mds intima, su tradicién constante y la causa real de Su vitalidad. Para formar Ordenes Terceras vivas, unidas y présperas se re- quieren buenos Directores ilustrados y conscientes de sus deberes. Los Re- ligiosos de la Primera Orden no pueden ejercer el cargo de Directores de las Hermandades Parroquiales. El! director debe ser el Paérrocoo en su de- fecto un Coadjutor. Mas tampoco estos pueden ejercer tal cargo sin buena Preparacién. Y esta debe hacerse en el Seminario, donde el estudiante con- 11

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