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DE TECIARIOS FRANCISCANOS : 157 Para esto ayuda el fin religioso, que es la esencia de la O. T.; la cual, me- diante la presencia de Dios y deseo de la salvacién, contribuye al fin moral. La moralidad, sosegando el animo y fortaleciendo el caraécter, presta su auxilio a la educaci6n fisica, Y ésta, que vigoriza el organismo, es la mejor preparacién para la educaci6n intelectual. «Mens sana in corpore sano.» ¢@Qué mayor bien para un colegio que dispone de un poderoso instrumento de perfecci6n, para conseguir sus fines con la maxima eficacia? 4Por qué han fracasado tan lamentablemente las Ordenes Religiosas en la educacién catdlica de algunos pafses? Si todos los excolegiales de Francia hubieran sido Tercia- rios, ghabrian triunfado la apostasia y el laicismo en el Gobierno y en los ho- gares de su patria? Segunda. «No serdé demasiado austera la Regla de la O. Tercera?» La austeridad es inherente a la profesion de fe catélica; y la dificultad esta enla violencia que tenemos que hacernos para alcanzar el reino de los cielos, observando los mandamientos. La O. T. F. alejando a sus miembros de los pe- ligros del mundo, les ofrece un camino mas seguro, aunque mas 4spero para su santificacién. Y los que la practican con buena voluntad Ilegan a convencer- se muy pronto de que, a semejanza de la ley evangélica, es «yugo suave y car- ga ligera.» c Tercera. «E/ Habito (escapulario y cordén) no tiene inconvenientes? El interior gno es antihigiénico?; y el exterior gno es algo raro? A) : También de éstos melindres se aprovechan, por desgracia, los enemi- gos de la Orden Tercera Franciscana. El] mundo moderno que, en sus diversiones, espectdculos, vehiculos, mo- nedas y billetes, vive en contacto con las mayores inmundicias (y asediado por millones de microbios) sin alarmarse por su salud, es tan exigente tratandose de objetos religiosos, que hasta se espanta (como el diablo) del agua bendita. Cerrémosle la boca en lo que se refiere a la Orden T. F. disponiendo que los colegiales tengan un par de cordones y escapularios numerados para poder mudarselos junto con la ropa blanca. B) En cuanto al habito exterior (por el cual tal vez se avergiiencen algunas personas capaces de cargarse de cintas y condecoraciones) lo consideramos honrosfsimo; por ser la librea con que vencieron el respeto humano las mas pu- ras glorias del catolicismo, en los siete Ultimos siglos. Cuarta. «<gSiendo condicién indispensable para ser admitidoen la Ter- cera Orden haber cumplido Jos catorce afios, gqgué haremos con Jos nifios gue constituyen la mayorta de Jos colegios? jEs grande la dificultad..,! ;Pero es mayor la fecundidad de la Iglesia! Y gracias a ella se resuelven los inconvenientes de aquella condicién.—Hay una soluci6n de cardcter universal. Toda asociaci6n que, dependiendo de la voluntad humana, aspire a subsis- tir y renovarse, debe atraer hacia sf los corazones, antes de que se desvien o endurezcan. Asf como la Santa Iglesia llama a sus hijos desde el nacimiento y prepara a su sacerdocio desde la nifiez, debe la Orden T. F. en cada uno de sus centros establecer una congregacién similar para los nifios de uno y otro sexo. éHabra que inventarla? No es necesario. Fundada por el Papa Sixto V, enriquecida con gracias y privilegios, erigi- da canénicamente en muchos centros existe la Archicofradia del Cordén Se- rafico; vivero de la Orden Tercera, al que ésta comunica en algunas fiestas los méritos de sus buenas obras.

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