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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 155 plemente un centro de ensefianza; a no ser que en esta palabra se incluya el pro- fundo significado que tuvo en labios divinos cuando pronunciaron el «Docefe omnes gentes.» El colegio cristiano es un femp/o, es un hogar, es una academia. a). El colegio cristiano es templo. Viviendo los alumnos bajo el mismo techo que Jestis Sacramentado, que desde el Sagrario tiende su mirada amorosa sobre todos ellos, jcudn facil es acercarlos con alegria a las fuentes del Salvador! jCon qué suavidad se inicia a los nifios en el cumplimiento de sus deberes religiosos! jY qué vida espiritual tan intensa! La Misa y Comuni6n diarias, la confesi6n semanal, el rosario, la visita al Santisimo, el Angelus, las oraciones matutinas y vespertinas, la bendicién y ac- cién de gracias en la mesa, la oraci6n antes y después del estudio, la palabra divina, las conferencias, eic. son actos de piedad que se realizan con facil regu- laridad, bajo la direccién de los educadores. Pero en esa misma facilidad esta el peligro. El colegial suele ser como un diente en la rueda del Reglamento. Le falta iniciativa y espontaneidad. Y como dice el P. Ruiz Amado, sélo las demuestra en el templo para enredar y distraer- se. Asi se explica que, al dejar temporal o definitivamente la vida de colegio, se enfrie su fervor, se olvide de las practicas piadosas y se aleje de los Sacramen- tos. ZOlvido? Pereza? Descuido?—De todo un poco. Para que esta vida de piedad no se interrumpa en vacaciones ni cese al fin del ultimo curso, hace falta un minimum de devociones, aceptadas solemne y deliberadamente para toda la vida. Y para esto es necesaria la Regla de la Or- den Tercera Franciscana; que, una vez prometida, influye inferiormente en el modo de vivir, aun prescindiendo de su eficacia externa como asociacjén. Ella les hara acudir al llamamiento de su conciencia, cuando no tengan ho- rario que les obligue ni director que los vigile. Esta, ademas, demostrado por la experiencia de varios siglos, que esa Ins- fituci6n da, al que la abraza, firmeza de convicciones para confesar la Fé sin respetos humanos; y que el pertenecer ala O. T. F. es hacer franca profesién de catolicismo, es amar entrafiablemente a la Iglesia, es colaborar la propaga- cién de la Fé catélica, es acercarse al santuario mds que el resto de los fieles, es entrar en el nicleo de asiduos concurrentes al culfo parroquial.... Si pues queréis que vuestros colegiales lleven en su coraz6n un regulador automatico de sus deberes religiosos, haced que ingresen en la Orden Tercera Franciscana. De ese modo infundiréis en sus almas las verdades y afectos propios de la devocién cat6lica; sin las aberraciones del sentimentalismo «que hace consistir la religién en solos obscuros afectos del corazén>. Y asf conseguiréis que su piedad no sea como una fuente intermifente; sino como manantial de caudal perenne y constante. b) El colegio cristiano es un hogar. Es una segunda familia para los alumnos. Es como un domicilio para los efectos canénico-civiles. Los encargados de su educacién moral, participantes de la dignidad y au- toridad paterna, dirigen todos sus desvelos a que consigan, mediante la practi- ca del bien, el tesoro inapreciable de las virtudes morales. 2Y qué escuela de virtudes mas completa gue la Orden Tercera Francisca- na; cuyos preceptos, enderezados ala guarda de los mandamientos, son una renovacién de las promesas del Baulismo?
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