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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 145 cilmente y con mayor éxito a la salvacién de ellas, ademas de cumplir con otros esenciales, complicados y bien dificiles cargos, se ve obligado a establecer en su parroguia algunas asociaciones y cofradfas piadosas. Estas Congregaciones le pueden servir sin duda alguna de poderosos medios de accién religiosa. Pe- ro gcuanta solicitud y desvelo, cuantos trabajos y disgustos no cuesta al Pérro- co el sostenimiento de tales asociaciones? Como cada cofradfa 0 congregacién tiene su fin particular, las fuerzas de los feligreses se dividen con tantas aso- ciaciones, y no pocas veces entran celos, envidias y rivalidades entre los miem- bros de diversas o distintas congregaciones de una misma parroquia. Tampoco es facil que el Parroco atienda con igual y la debida vigilancia a tantas hermandades, y que se prepare debidamente para dirigirlas la platica men- sual. Afiddase a todo esto que algunas congregaciones no tienen el cardcter de permanencia respecto a sus individuos. ¢,Toma, por ejemplo, estado una joven? Ya las Hijas de Marfa han perdido una Congregante; y para que esta joven in- grese en otra cofradfa hay que emplear nuevas instancias y stplicas; y asf re- lativamente en las demas. ¢ La Orden Tercera allana esta dificultad.—Es preciso, pues, que allanemos las antecedentes dificultades, a fin de que el ministerio parroquial resulte més facil, mas pacifico, mas eficaz y de mayor éxito. gY sabeis cémo se podia con- seguir ésto? Se comprende que entre hombres siempre ha de haber miserias e imperfecciénes; pero los inconvenientes desaparecerian en su mayor parte, con tal que se pudiera hallar una piadosa institucién, cuyo fin abrazdéra en cierto mo- do todos los fines y las practicas de todas las cofradfas o congregaciones: Con ella tendria el Parroco infinidad de ventajas para la paz, armonia y santificaci6n de sus feligreses: y dentro de ella funcionarian con vida propia y mds exube- rante todas las hermandades y asociaciones. La Instituci6n a que aludimos y que ofrece estas ventajas es la Orden Tercera de San Francisco de Asis. He aqui la incégnita, el gran secreto, la gran palanca para el bienestar praéctico de las parroquias. Basta que el Parroco atienda a ella, para que por medio de su in- fluencia, anden bien las costumbres y todas las asociaciones y obras benéficas y moralizadoras ae la Parroquia. En verdad, decir que la Orden Tercera es puramente una Congregaci6én mas 0 menos adaptada a las condiciones de personas devotas y solamente a ciertos tiempos y circunstancias, es desconocer por completo la naturaleza y el fin de esta grandiosa obra de la Iglesia. Las Cofradfas, Congregaciones y piadosas asociaciones tienen por objeto agrupar a cierta clase de personas para practicar una devocién cualquiera y ejercitarse en una obra santa. En ella lo primero es la devocién, y por medio de esto viene el cumplimiento de la obligacion; mien- tras que con la O. T. es al revés; primeramente pone por base la obligaci6n, la observancia de los mandamientos y después abraza los consejos evangélicos y todo cuanto pueden encerrar todas las Cofradfas habidas y por haber, porque desea llevar la perfeccién cristiana a la meta y grado ulterior posible, llegando a ser un estado perfecto de todas las virtudes compatibles con la vida seglar. Esta admirable Orden de Penitencia se dirige, sin distincién de clase ni Sexo, a todos los cristianos; le da una norma completa de vida cristiana y evan- gélica; otorga al cumplimiento de la Regla un mérito especial, parecido en algo al de los Religiosos, y afade, por fin, como a éstos, el sello de la promesa in- falible de salvaci6n eterna diciéndoles en la profesién: «Si guardares la Regla de la O. T., yo, en nombre de Dios, te prometo la vida eterna.» De donde resulta que dentro de la O. T. caben y pueden funcionar admira- ’ blemente toda clase de Asociaciones piadosas; pero que dentro de las Cofra- 10
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