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de ’ familia; para suavizar asperezas que surgen en el estado del matrimonio; para . serlo, el que esto escribe, se ha visto en ocasiones de no poder atraer al cami- 142 CONGRESO REGIONAL versalidad. Las cofradfas tienen por objeto agrupar, para un fin determinado, a cierta clase de personas; asi la Congregacién de San Luis, por ejemplo, la de las Hijas de Marfa recogen en su seno a los j6venes de ambos sexos respecti- vamente, quedando fuera de esa agrupacién los que a esa clase no pertenecen; la Orden Tercera sin embargo, abarca al hombre y a la mujer, sin distincién de clases ni condiciones y a todos los unifica con el Cord6én Serdfico. Pero lo que mas le eleva sobre dichas Asociaciones es la perfeccidn que exige en sus miem- bros. Las Cofradfas hacen personas devotas, la Orden Tercera perfectos cris- tianos; aquellas preceptdan la observancia del reglamento, ésta la de los man- damientos de la ley de Dios en lo que consiste la santidad y el amor que une a Dios segtin aquellas palabras de Jesucristo: «El que me ama, guarda mis man-— damientos.» Es decir, que las cofradias vana la perfeccién mediante la devo- ci6n, mientras que en la Tercera Orden la devocién es la resultante de la per- fecci6n interna de sus individuos. De donde se sigue que la Venerable Orden Tercera por su naturaleza, por su universalidad y por la perfeccién que inspira en sus individuos tiene la preeminencia sobre las Cofradias y Asociaciones; que, como insfituci6n mas perfecta, contiene las ventajas de aquellas, y por con- siguiente que establecida en una parroquia coopera, a la accién del Paérroco mas que todas ellas. Ahora Vil. gEn qué puede prestar ayuda a Jos Pérrocos?.—Para responder a es- fa pregunta habra que recordar lo que dijimos al hablar de las Cofradias y Aso- ciaciones. Todo lo que estas pueden auxiliar a un Pérroco, y aun mas de lo que estas pueden, lo hace la Orden Tercera por sf sola. Para la implantaci6n de tan- tas obras piadosas y catélico-sociales; para la ilustracién de los nifios en las secciones de la Catequesis; para cortar desavenencias dentro del hogar y de la recordar, al que vive de ellos olvidado, sus deberes religiosos; y para un sin nu- mero de complicadas obras que ocurran en una Parroquia, el Terciario Francis- cano, si de él se sirve el Parroco, es un elemento y un factor poderoso. Lo que decimos es efecto de la experiencia propia. De Paérroco, y antes de no de la justificaci6n a pecadores distanciadcs de Dios por mds de sesenta afios y a punto de morir. Nuestra presencia como sacerdote predisponia en con- tra nuestra; pero nos hemos servido de un Terciario seglar y este ha llenado las dificultades que se oponfan al ministerio sacerdotal coadyuvando a la sal- vacién de un alma. Se me diré que acaso otro, sin ser terciario, hubiera llevado a cabo tan caritativa obra. No lo negamos: pero a un Terciario acude siempre el Paérroco con absoluta confianza, porque sabe que por su Regla es hombre bueno y adicto siempre al Sacerdote tan venerado por su Fundador serdafico, y cuyo respeto tanto inculcaba a sus hijos. Ademas, si establecida en su Parro- quia la Vble. Orden Tercera hace, con el tino y celo oportuno, que de las otras asociaciones pasen a engruesar las filas de ésta instituciédn serdfica, consigue con solo esto sostener el fervor de aquellas, y con ellas sus ventajas, porque hablando al Terciario habla al o a la Congregante consiguiendo imprimir en las asociaciones el movimiento que desea con solo entenderse con la Tercera Orden, viniendo a ser esta en manos del Parroco a manera de resorte eléctrico que to- cado por él ilumina y da calor a los diversos organismos de la Parroquia. Y para terminar un punto tan claro, diremos que no hay obra, excepto las que son de jurisdiccién Sacerdotal, en la que no puede un Terciario ayudar a su Paérro- co. Lo hemos probado, y estamos convencidos de lo que afirmamos. Al llegar
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