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DE TECIARIO$S FRANCISCANOS 141 rando. Esta solo, porque quitando las Parroquias de las grandes poblaciones en las que es auxiliado el Parroco por sus coadjutores, en las restantes, que son las mas, esta solo para predicar, confesar, administrar otros Sacramentos, vi- ' sitar enfermos, catequesis, corregir al que yerra, pacificar discordias, y ser, en una palabra como antes deciamos con el P. Hilaire, el hombre del pueblo. De aqui, y sin hacer mencidén de otras digcultades, la IV. Necesidad de cooperadores seglares.—Y decimos coperadores segla- res, porque respecto a los coadjutores eclesidsticos muchas Parroquias no pue- den contar con ellos por haber resuelto ya la Iglesia este punto en concordancia con el Supremo Gobierno de la Nacién y en conformidad con la necesidad y grande vecindario de las Parroquias. Tiene, pues, el Paérroco que entresacar de la colectividad ex hiis gui nobiscum sunt como decia el Principe de los Apésto- les, algunos que le auxilien en el ministerio Parroquial, no para las funciones que son de jurisdiccién y que por derecho divino so/is praesbiferis han sido confiadas, sino para aquellas otras que son como consecuencia del cargo. La necesidad de esta cooperacién la da y demuestra el Apostol San Pedro en la eleccién de los Didconos en los albores de la Iglesia. «Porque no es justo, dice que nosotros (los sacerdotes) sirvamos a las mesas con perjuicio del ministerio de la palabra», 0 como podria decir un Parroco: No esté bien que me falte el tiempo para lo principal por emplearme en lo accesorio. gY quién prestaré al Pérroco ésta cooperacién? De algo pueden servirle las V. Cofradias y Asociaciones.—La salvacién de las almas es el fin a que propende un Parroco en fuerza de su institucién, pero, como para alcanzar fin tan excelente, tropiezan con los obstéculos arriba expuestos, se ve precisado a fundar Asociaciones sean de Hijas de Marfa, Apostolado de la Oracién, de Lui- ses y obras Eucaristicas que indudablemente le auxilian en su ministerio, y sostienen, bajo su direccién, la piedad en su feligresfa. La raz6n es porque es- tas asociaciones tienen, por general, como de reglamento la Confesién y Co- muni6n mensual y la practica de otros ejercicios piadosos que engendrando en el alma ideas sobrenaturales, se traslucen en el obrar mas cristiano de los aso- ciados. Y aunque el sostenimiento de esas entidades originan al Pérroco algtin trabajo, este estaé;compensado con la cooperacién que la prestan en el ministe- rio. No solo por la perfeccién individual antes dicha, sino porque, ademas, de ellas se sirve para la Catequesis, para la visita de enfermos, para atraer a otros aingresar en las referidas Asociaciones, para procurar més esplendidez en el culto y ornato y limpieza de la Iglesia y otras obras parecidas que a no ser por las aludidas Cofradfas, caerfan sobre el Pérroco como un peso abrumador. En vista de esto no habraé quien se atreva a negar la utilidad de esas Asociaciones en una Parroquia; pero, sin querer aminorar la importancia que tienen, desde luego reconocemos que sobre ellas tiene grandes VI Ventajas dela Tercera Orden al efecto de dicha cooperacion. Esta afirmaci6n la hacemos fundados en la naturaleza, universalfdad y perfeccién de esta institucién Seraéfica. La V. O. T. de San Francisco no es una Cofradfa. Quien por tal la tomare no conoce su tfpica, el carécter que la distingue. Como muchas veces han declarado los Soberanos Pontifices es una Orden, porque tiene los elementos constitutivos de tal; una orden, ni mas ni menos que la 1.* y 2.* fundadas tambien por aquel hombre excepcional del siglo XIII, con la dife- rencia que aquellas viven y se desarrollan dentro de los muros de un claustro y esta es compatible con la vida secular y con los diversos estados de esa vi- da. Por esto esté sobre las Asociaciones y cofradias. Esté también por su uni-

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