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. mecén de las extravagancias.> 132 CONGRESO REGIONAL los deseos e inclinaciones del centro fétido de toda impureza cual es la sensua- lidad, ala cual convergen la mayor parte de las conversaciones de los ociosos y de los jévenes. Son, pues, necesarias las diversiones de los Terciarios. Medios practicos para preservarlos de la corruptora influencia de los bailes escandalosos, cines, teatros. & El baile no es de suyo ilfcito o pecaminoso, sino que por el contrario, pue- de ser obra de virtud y ocasién de mérito, porque el baile—dice San Alfonso. Marfa de Ligorio—mas bien es sefial de alegrfa que deshonestidad; y como dis- curre el Angel de las Escuelas: «Siendo imposible al hombre ocuparse siempre . en la vida activa y contemplativa, conviene a veces interrumpir el trabajo con el recreo, para que el d4nimo no se quebrante con la demasiada severidad y pueda después dedicarse mejor a las obras de virtud...> Pero descendiendo de la teorfa a la practica, podemos asegurar que la ma- yor parte de los bailes, tales como se estilan en nuestros dfas, son un gravisi- mo peligro para la castidad. Insignes literatos han dicho: Selgas: «Un viaje rapidisimo alrededor de infi- nitos peligros para la inocencia, para el pudor y para la honestidad.» Pereda: «La proximidad del hombre a la mujer, cuando con ella baila, hace casi idénticas las situaciones de entrambos: si el primero se quema, no debe es- tar muy lejos del fuego la segunda.» Severo Catalina: «Nuestros antiguos crefan que en ciertos bailes hace de bastonero Satands. Nosotros no lo hemos visto nunca; pero si no hace de bas- tonero, no debe andar muy lejos.» éY para qué mayor ni mejor testimonio que el que presencia nuestra vista en los bailes de hoy? Y si a la manera de ser hoy los bailes agregamos los incentivos del vestir équé diremos de ellos? En resumen: es necesaria la distracci6n honesta y moderada, pero hay gra- visimos peligros en los bailes inmorales. Del teatro y atin de los cines, debemos decir que en sf considerados, no so- l> no son malos, sino que son buenos. Aunque no sirvieran mas que para dis- traer a los espectadores y recrearlos, seria util y bueno; porque util y aun nece- saria cosa es cierto moderado esparcimiento del dnimo, fatigado con el mucho trabajo, e importa no poco educar el gusto literario y elevar el espiritu a la con- templacién de la belleza artfstica. Sin embargo, es preciso decir, con honda pena, lo que ya dijo Moratin en una de sus comedias: «Cuando el teatro debiera ser la escuela de las costum-, bres y el templo del buen gusto, es entre nosotros la escuela del error y el al El primer peligro esta en la obra dramatica; pues con frecuencia se ve en su representacién que los conflictos se deciden por sistema contralo mds bueno y lo mds santo; que los problemas se ventilan y se resuelven siempre en sentido anticristiano; que se fomenta el odio de clases; que se justifican los crfmenes; etc., etc. Semejantes doctrinas, tan gratas a nuestras desenfrenadas pasiones, ex- puestas con las galas mas vistosas de una poesia deslumbrante gqué otro efec-
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