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x a i i i t ft 3 i mpotn syne peas: 124 CONGRESO REGIONAL cismontana en Espafia reunida en el Capitulo de Segovia, hace voto de de- _ fender a la Inmaculada Concepcién. Siglo XIX. Apagado el estruendo de las guerras napolednicas, 6yese de nuevo la estruendosa aclamaciou a la Inmaculada, pero no es solo de los Fran- ciscanos, sino de todos los catélicos, en favor del misterio de Marfa. Pero ex- tinguido el estrépito de las armas y sosegados los d4nimos luego comenzarona — llover sobre la Santa Sede innumerables peticiones, siplicas y ruegos para que la Reina de los Cielos fuera coronada con el mas bello y precioso de sus privi- legios. Con todo Roma no satisfacia las ansias de sus hijos. Gregorio XVI man- d6 insertar en las Letanfas Lauretanas la invocacién: «Regina sine labe origina- li concepta»; pero eso era poco para los devotos de la Inmaculada, querian la definicién dogmatica. Entre tanto habfan enmudecido los enemigos de la Inma- culada, bien que a despecho suyo. Doquiera no se escuchaba ya sino alabanzas a Maria en los pilpitos, en las calles, en las casas, donde con mil distintas practicas de devocién procuraban aquietar el 4nimo de la intranquilidad en que les tenfa la tardanza de la definicién dogmatica, entre las cuales practicas como rosicler de aurora aparecié la pequefia corona de la Inmaculada inventada y propagada por el fervoroso Capuchino P. Buenaventura de Ferrara. Pero sondé la hora de la Providencia. Pio IX subi6 al trono pontificio revestido con el cor- dén y el escapulario de los terciarios. Estimulado por su ardiente amor a Maria y por el ejemplo de sus hermanos los hijos del Serafin de Asis, doblegado por las stiplicas de toda la cristiandad, se decide por fin, después de un riguroso y ‘prolongado exémen, a proclamar con toda su autoridad de Vicario de Jesucris- to, como dogma de la fé la Concepcién Inmaculada de Marfa. Resistese la plumaa describir aquél dia, aquella hora, aquel momento en que rodeado de sus Cardenales, de Obispos y fieles de todas las partes del mundo ley6 la bula de la declaraci6n dogmatica. El jibilo y la alegria_ brillaban en todos los semblantes, todas las frentes irradiaban paz y felicidad indescripti- bles. ;Su amor a Marfa estaba satisfecho! jHabian logrado colocar sobre la frente inmaculada de la Inmaculada Virgen la mas preciosa corona que es posi- ble desear! | Ved aqui resumida la historia franciscana respecto al mayor de los privile- gios de Maria; historia verdaderamente gloriosa para las continuas luchas y victorias que presenta a cada instante. Las luchas se han aca@bado ya; no resta pues, ofra cosa que mantener siempre fervorosa la devocién de la Orden y de todos los pueblos a Marfa, tarea que pertenece a nosotros, sucesores que so- mos de los Escotos, Leonardos y Diegos en la milicia franciscana. Con esto parece debfa terminar esta Memoria, mas no le daré fin sin antes exponer TRES COSAS que se vienen por muchos observando. Es la primera que por vergiienza o mala fé se ha ido perdiendo en nuestro pueblo una costumbre cristiana y propiamente espafiola. Es la invocacién que hacen nuestros pobres al llamar a la puerta de los ricos; es el anuncio de nues- tra clase media al entrar en la casa de su vecino «Ave Maria Purisima»>—dicen aquellos, «Sin pecado concebida»>—contestan éstos. Es la segunda que por negligencia o mala fe de los padres de familia se va perdiendo en nuestro pueblo otra costumbre cristiana y propiamente espafiola. Es la invocacién: «Ave Maria Purisima>—con que saludaban antes los nifios de toda Espafia a sus maestros, al Parroco y los frailes, que ahora solamente en algunas poblaciones se practica.

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