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— 199— efecto, todo el encomio que se hace de estos , celebrando en su honor y memoria el sacrificio del altar , y entonando can- ticos, salmos é himnos espiritualés, en los dias de su feliz transmigracion 4 los cielos, no tanto es encomio de sus vir- tudes, cuanto del poder divino, que hace que resplandezca su virtud en vasos de arcilla, y que unos seres fragiles y de- leznables ‘hayan alcanzado tan brillantes victorias sobre el mundo, el demonio y la carne, prevenidos, sostenidos y _ acompaiiados de su gracia. Tiene, ademas, la Iglesia catdlica poderosos motivos ~ para hacerlo asf, pues sabe, y repite con el venerable Be- da (1), que el cielo se alegra con la sociedad de los santos, que la tierra se regocija con su patrocinio, y que esos triun- fos forman su corona; y por fin, ella sabe, y confiesa, con San Juan Criséstomo , que las glorias de los santos son ce- lebradas en la tierra por consejo divino, 4 fin de dar 4 estos’ el honor debido, y de tener nosotros siempre 4 la vista los ejemplos de virtud, que nos han dado con la gracia de Cristo (2). Con esto le bastaba 4 la Iglesia, para celebrar con grande alegria el transito glorioso de la Virgen 4 los cielos, : pues sabe que resulta mas gloria 4 Dios por la pureza incon- taminada, las virtudes admirables y las excelencias de la | Virgen, su Madre, que de todas las virtudes de cuantos 4n- geles hay en el cielo, y.de cuantos santos wehoy ni ‘seeeatel hasta la consumacion de los siglos. Pero hay ademas en la Virgen otras cosas muy sti res, que no concurren én los demas santos, las cuales sobre- vinieron despues de su transito, y constituyen el principio, el medio y el fin de swiltima victoria conseguida sobre Lucifer, que introdujo la muerte en el mundo. Vamos 4 re- ferir este gran acontecimiento , siguiendo con toda exacti- tud la tradicion de los Santos Padres. Hemos visto ya , que la Virgen murié 4 semejanza de los demas hombres, y que su cuerpo sacratisimo fué llevado en hombros de los Apés- (1) Serm, 418 de SS. (2) Div. Joan, Chris. Serm, de Mart, ici ote

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