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voluntad 4 los preceptos dela ley divina, sino conforme Jos interpreta el mundo carnal, que quiere amalgamar la ~ carne con el espfritu? No es esta por cierto la escuela de Jesucristo y de su Madre, y si hemos de acompaiiarlos en la gloria, primero hemos de imitarlos en la renuncia comple- ta y omnimoda de nuestra Se soba: Ph Sh as MAXIMAS. Nada vale dejar todas las cosas temporales, si no nos_ dejamos 4 nosotros mismos. La abnegacion de si mismo es el olvido total de lo que uno ha sido en su vida viciosa, y la renuncia omnimoda 4 su propia voluntad (1). La abnega- cion perfecta sacrifica 4 Dios hasta los objetos licitos y pu- ros; por eso nuestro Sefior dijo 4 8. Pedro: 2 Qué te va d ti de lo que le sucederd d Juan? Té sigueme. (2). AFECTOS., {Qué diferencia no hay entre tu corazon y el mio, 6 pu- risima Virgen Maria! Es tu corazon un abismo de humil- dad y abnegacion, y yo no veo en el mio sino presuncion y altaneria: no hay en ti sino afectos licitos, purisimos, ce- lestiales y divinos: y el mio solo respira deseos viles, ter- renos, y bajos: tu pureza y humildad enamoraron al Espi- (1) Div. Basfli, in Regulis. interrogatio. 9. (2) Joann. 21. vy. 22.
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