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— 155— renové en union de ella el voto de virginidad, ofreciendo su cuerpo en holocausto al Espiritu Santo, jurando 4 Dios’ — y & su esposa, que mutuamente se conservarian estaide- lidad virginal, y entregéndola todos los afectos de su ¢o- razon, para que ella los elevase cada dia al acatamiento divino. (1) Virginal, humilde, manso, pacifico y afectuoso como era San José, ;Cémo no lo amarfa aquella, que era toda humildad, virginidad, mansedumbre: y caridad? Azu- cena de pureza, que queria unirse en virginal consorcio con la que preferfa la virginidad sin mancilla 4 todas las coronas é imperios de la tierra ;Cémo no habia de robar el Corazon de Marfa, que se encontraba sola y sin com- pafiero en el yoto de virginidad, y hallaba’ en José uno, y podia decir al esposo celestial, que bajase 4 su vergel, y se apacentase entre azucenas y cogiese lirios, pues em- pezaban ya 4 multiplicarse? (2.) No ‘fué solamente la igualdad de sentimientos y la se- mejanza de vida lo que movid el Corazon de Maria 4 tener un amor tierno y afectuoso 4 su casto esposo, sino tambien la gratitud 4 tantos servicios, como este la pres- tara y el agradecimiento 4 la humildad y paciencia, con que sufriera por ella las amarguras mas crueles en su alma, y la dulzura y amabilidad con que la alividra en las tribu- laciones que fueron inseparables de la maternidad divina, apenas aparecié entre los hombres el Hijo de Dios. ;Ah! jCuanto no debe la Madre de Dios al casto José! ;En qué angustias no se vid él sumergido, por haberse constituido proctector de su virginal pureza! ;Por qué trances tan di- (1) Cornel. a Lap. Comment. in Luc. cap. 1. y. 84. (2) Cant. 6. v. 1. 12

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