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— dicha en pertenecer 4 su cuerpo mistico, y en recibir inmediatamente de sucabeza tantas gracias y favores. Mas no te contentes con conocer esta dicha que tienes, compardndote con los infieles, sino ponte en parangon con aquellas almas que viven unidas siempre 4 su cabeza por medio de la fe y deJa caridad, para que veas si ti eres de ese niimero; porque si no eres miem- bro sano de Jesucristo, y estas enferma por el peca- do, 6 débil por la falta de oracion, jqué te aprove- chara el unirte sacramentalmente 4 tu cabeza? O Jesus mio, no permitais que se vuelva miembro de cor- rupcion é iniquidad una alma que vos habeis redimido y santificado: aumentad, Sefior, mi fe, para que vien- doos siempre presenten la Eucaristia, vuestro santo temor hiera mi corazon, y huya del pecado como de la vista de un aspid. se ~ PUNTO SEGUNDO. Todos aquellos que participamos de un mismo pan, somos muchos un mismo cuerpo, 'y debemos tener una union perfecta con todos los miembros de este cuerpo, y con su cabeza, pues el sacramento en que tomamos el pan de los angeles, es signo de unidad y vinculo de caridad. Pero si pretendemos estar unidos verdadera- mente 4 nuestra cabeza, no solo hemos de recibir sus influencias, més la hemos de honrar y revyerenciar, conformando nuestra vidacon la suya en todo, pero principalmente en una sumision humilde y total 4 lo que ella nos manda. Porqué si Jesucristo dice que él no bajé del cielo para hacer su voluntad sino la de su Padre, * y ejecuté con tanta exactitud el mandamien- 1 Cor. cap. 10 v. 17.—% Joan. cap. 6 v. 36.

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