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— 276 — delo, pues en tu cabeza Ilevas las rosas de la vani- dad, en tu cuerpo vive la sensualidad, y tus manos estan sirviendo 4 la mentira. ;Ah! ;De qué te apro- vecha recibir 4 Jesucristo, si tu vida no est& escon- dida con élen Dios? O dulcisimo Jesus, maestro bueno y benigno, bien sé yo que no he seguido vues- tros pasos, y que me he avergonzado de los imprope- rios de yuestra cruz: pero heme aqui, Seiior; mi co- razon y mi cuerpo son vuestros: fijad vuestras espi- nas en mis sienes, poned vuestra cruz sobre mis hombros: os seguiré 4 donde quiera que fuéreis, 4 los trabajos, 4 la cfrcel, y 4 la muerte, con tal que consiga vivir en vos, y sacrificarme por vos. Asi sea. MAXIMA. Muchas veces valen los deseos buenos tanto como las obras buenas: el hijo prédigo, ag yacia en peca- dos, apenas deseé comer el pan de su padre, se le- vant6, y al poco estaba sentado al lado de él. #4

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