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7 oe oe secant " ae SUNT OTE TT Saeco ae ne RO ee ee a . —— ae pudo contar, ni hay corazon que pueda imaginarlos en esta vida mortal, : pero que infaliblemente tiene Dios preparados en el cielo para los que le aman. Siendo esta la dicha de los santos por cuya asecu- cion suspiraban los patriarcas, pasando ajfios y aiios en la tierra siempre ansiosos de llegar 4 la verdade- ra patria, jquién hubiera podido imaginarse, que habia de venir un tiempo, en el cual daria Dios 4 los hombres en este mundo lo que forma la gloria esencial de los santos en el otro, que es su posesion? jAh! Cuando recibimos 4 Jesucristo dentro de noso- tros, entra en nuestro pecho toda la gloria del pa- raiso. Es cierto que en la Eucaristia solo vemos 4 Dios con los ojos de la fe, iz ue del mismo modo contem- plamos la presencia de la naturaleza humana de Je- sucristo, pues se halla en ella de un modo sobrenatu- ral y enteramente invisible 4 los ojos del cuerpo: pe- ro aunque nuestra mente no comprende el portento, ni nuestros ojos vean 4 Jesucristo, nuestra fe nos dice 2 est alli, y que al recibirlo, no tenemos menos e lo que aM bienaventuranza de los santos en la gloria. ;O riqueza inestimable, don inefable, y re- galo de un valor, que jamds podré apreciar digna- mente la criatura! Cada momento de nuestra vida nos dice, que esta no es mas que una milicia sobre la tierra, * pues estamos siempre en el palenque del combate, para ganar la corona. Y jquién ha visto que se dé al soldado el premio antes de concluirse la campaiia? Entre tanto todo el que ame con ardor & Jesucristo y lo reciba en la Eucaristia, llega & —— 3 1, Cor. cap. 2 v. 9.—* Job. cap. 7. ¥. 1.
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