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— 180 — ro lleg6 aquella 4 su colmo, cuando deposité en la Eucaristia todo este precio, d4ndoselo al hombre, para que no vuelva 4 hacerse jamd4s esclavo del pe- cado, y se libre de las iras del cielo. En otro tiempo la sangre del cordero pascual, que era una simple figura, fué el signo de alianza entre Dios y los hom- bres, y bastaba que la pusieran estos en los umbra- les de sus casas, para que el dngel que volaba con espada en mano exterminando 4 et , ! pasase adelante, y respetase 4 cuantos bia dentro de la casa sefialada. ;Qué efectos no p duciré ahora, no ya el tipo, sino la realidad? ;Con qué velocidad huiré el enemigo, cuando vea, no los dinteles de piedra, sino los labios del cristiano sefia- lados con la sangre resplandeciente y gloriosa del cordero de Dios? No debe haber ya por tanto un so- lo hijo de la Iglesia santa, que leve sobre sus hom- bros ni un solo instante el yugo de la esclavitud, pues es libre con la libertad que Cristo le ha dado. jO alma redimida con la sangre de un Dios, detente un momento antes de acercarte: 4 Jesucristo, y con- templa aquel amor que lo hizo a del cielo por salvarte: y si vieres que hay algun lazo que te ate 4 la tierra, rémpelo prontamente, y di con el hijo pré- digo: me levantaré, é iré d mi padre, y le diré: padre, pequé contra el cielo y contra ti: no soy digno de ser liamado hijo tuyo, hazme como uno de tus jornaleros. + 1 Exod. cap. 12. v. 13.—Galat. cap. 4. v. 31,-- Luc. cap. 15.v. 18 z 19, primogénitos ix . “e >
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