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— 147 — tra alma desea, y nuestro corazon apetece; por- que este Dios benignisimo nos ha criado para si, y quiere que lleguemos 4 é1 por medio de su Hijo, y por esto nos convida este mismo Hijo 4 que lo siga- mos, diciéndonos: yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene d mi Padre sino por medio de mi. 1 , No hay en la tierra felicidad comparable 4 1a del alma que recibe 4 Jesueristo en la Eucaristia: por- aunque no vea & Dios sino come por espéjo en uridad, + sabe infaliblementé que lo posee dentro de st, y que tiene en é1 la verdad, y la vida. i camino tan anchuroso — ro para llegar & co- nocer perfectamente & Dios! ;Qué venero tan abun- dante de dicha y de ventura! No tiene que hacer el alma mas que fijar sus ‘miradas con atencion en este Hijo de Dios que recibe, para ser elevada al conoci- miento de la naturaleza divina, pues é1 mismo dice que quién lo ve 4 él, ve 4 su Padre, porque el esté en su Padre, y su Padre en él. 5 ;O caridad ineom- prensible de Jesucristo! «Bajé 4 nosotros, sin dejar — «de ser lo que era, y subié 4 los cielos sin abandonar - da naturaleza que habia tomado:«» y al ddrsenos en la Eucaristia, nos eleva hasta su Padre, para que lo conozcamos cuanto es dado al hombre en esta vida, y para que teniendo esta felicidad, veamos cumplidas todas nuestras aspiraciones. Considera entre tanto, que siendo cierto é infali- ble que Jesucristo es el finico camino para ir al cielo, no lo es ménos que son pocos los que atinan con él, y los que perseveran andando en él, despues que lo 4 Joan. cap. 14. v. 6.—? 1. Cor. cap. 13. v. 12.—8 Joan, cap. 14. v. 9 y 10.—¢ Div. August. in cap. 14. Joan.

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