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sap lose janza con ella: pues se daria 4 cada uno de los hombres en la Eucaristia como un esposo, y al reci- birlo estos, se estableceria entre Dios y el hombre una comunicacion tan intima, que con una donacion mitua seria Dios todo del hombre, y el hombre en conformidad con lo que prescribe la naturaleza de los desposorios seria tambien todo de Dios. Bien expresamente manifest6 Jesucristo que era esta la naturaleza de esta union que resultaba entre ély quien lo recibiese, pues dijo estas palabras: e/ come mi carne y bebe mi sangre, mora en mi, y > yo en él; 1 porque en verdad su cuerpo se incorpora con elnuestro, sualma como quese identifica con nues- tra alma, y su divinidad nos rodea y nos posee, como las aguas del mar rodean y compenetran la esponja ue est& en ellas. Pero jpodré efectuarse esta union — sin queel amor de Cristo nos estreche? Hacese en- ténces un verdadero esposo de nuestras almas: y asi como el marido no tiene potestad sobre su cuerpo sino la mujer, * asi Jesucristo no quiere ser duefio de si mismo, dandose todo al alma ee: lo seat iguiente tampoco nosotros © 0S Foner een sobr e nuestros cuerpos y nuestrasal- ~~ mas, perteneciendo ya todo & nuestro esposo. Si hiciéremos lo contrario, son nuestras almas adilte- ras € infieles, y no celebramos con nuestro esposo matrimonio santo, ni conservamos el lecho nupcial inmaculado, como conviene 4 la esposa casta. Mas, para que nos demos enteramente 4 nuestro esposo, consideremos atentamente qué nombre tiene, y solo esto nos haré temblar, sino le somos fieles. 2 Joan. cap. 6. v. 57.—* 1. Cor. cap. 7. v. 4

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