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F i & s x t 241 las cosas; pues saben que esta tiene que deblegarse isus exigencias, so pena de verse amenazada por un nuevo partido: que se formen falanges de ingratos y desleales, que no reconozcan los beneticios recibidos. del primer gerarea de la nacion, y lo-vendan 4 quien creen que ha de ceder 4 sus pretensiones, 6 levanten con desenfreno y desdoro el estandarte de la rebe- lion. Sabido es que'cuando un general quiere aplicar la mina 4 una fortaleza, no entrega el secreto de la mecha & la soldadesca; pues pudiera suceder, que en vez de arruinar a los sitiados, quedira envuel- to su propio ejército, al acercarse ddar el asalto. Ea . = sehando a los pucblos esas doctrinas, no hay monar- quia estable, ni soberania que esté fundada en la fuerza moral: el pueblo es el poseedor de la mecha y del secreto deta mina, y le di fuego; subiendo por los aires, de repente, trono, monarca ¢ instituciones. Por eso se ha hecho necesaria desde algunos anos, demasiados ya por cierto, la existencia perenne de tanta fuerza armada en las naciones. ;Ah! es necesa- rio que los soberanos piensen mis en su seguridad que en el gohierno: es preciso qué la mitad del pue- blo observe 4 Ja otra mitad con aspecto marcial y ar- ma al brazo: desaparecid la fuerza moral, que daban a los tronos los principios de justicia, ensefados por la ley divina: desaparecié el respeto 4 la autoridad, por haber alterado y corrompido las nociones de su origen celestial: se. ha hecho todo terreno; y para sostener la autoridad, ha sido preciso apelar 4 cosas salidas de Ja tierra, 4 espadas, 4 ¢arabinas, 4 cano- nes, i morteros,4 caballos y ginetes cubiertos de co- razas, 4 carros de guerra y ’ ejércitos sin fin, que s2 absorban los sudores de las naciones, y arruinen la

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